Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Dame mar
Dame mar, que regrese por costumbre
rodeado de embarcaciones,
al puerto de mi cuerpo,
y heroína púrpura dame mar,
más mar del que ya me habita
propenso a reventarse en los arrecifes
o en la morralla del torbellino
que se desplaza como crucero
a la misma velocidad que un cometa
surcando; Saturno, Júpiter y Venus.
Dame atmósfera, para sobrevivir
a la mitad de la prosa,
que mis versos astronautas
partirán de tu ombligo
para beberse tus senos,
dibujados en aquella constelación
de porcelana, atuendada de terciopelo,
que condensa tripulaciones de estrellas,
dentro de la galaxia de tu pensamiento glaciar,
tan glaciar como el polo norte
pero a caricias de luna queda calido como;
el sábado o el domingo del mes de mayo.
Dame de tu amor, que me sienta bien
lo prisionero en tus brazos delgados,
como los pétalos desnudos del otoño,
aguardando por diciembre,
mes que obedece al frío
y a nuestras bocas moradas besándose
por vez primera en el autobús de la tarde.
¡Pero dame mar! déjalo que juegue con tus dedos,
mientras yo te recojo el cabello,
o dame atmósfera, secuéstrame en muslos tatuados
de estrofas oxigenadas,
dame de tu amor conmemorativo,
que sea inédito
y tan literario como lo que te acabo de escribir.
Dame mar, que regrese por costumbre
rodeado de embarcaciones,
al puerto de mi cuerpo,
y heroína púrpura dame mar,
más mar del que ya me habita
propenso a reventarse en los arrecifes
o en la morralla del torbellino
que se desplaza como crucero
a la misma velocidad que un cometa
surcando; Saturno, Júpiter y Venus.
Dame atmósfera, para sobrevivir
a la mitad de la prosa,
que mis versos astronautas
partirán de tu ombligo
para beberse tus senos,
dibujados en aquella constelación
de porcelana, atuendada de terciopelo,
que condensa tripulaciones de estrellas,
dentro de la galaxia de tu pensamiento glaciar,
tan glaciar como el polo norte
pero a caricias de luna queda calido como;
el sábado o el domingo del mes de mayo.
Dame de tu amor, que me sienta bien
lo prisionero en tus brazos delgados,
como los pétalos desnudos del otoño,
aguardando por diciembre,
mes que obedece al frío
y a nuestras bocas moradas besándose
por vez primera en el autobús de la tarde.
¡Pero dame mar! déjalo que juegue con tus dedos,
mientras yo te recojo el cabello,
o dame atmósfera, secuéstrame en muslos tatuados
de estrofas oxigenadas,
dame de tu amor conmemorativo,
que sea inédito
y tan literario como lo que te acabo de escribir.