Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Si me das la mano y me acompañas
te enseñare las ruinas que quedaron luego de tu partida.
Te enseñare el muro que soporto todas mis lágrimas,
te enseñare el lápiz que soporta tu ausencia.
Te enseñare la ventana que guarda mis ojos enamorados,
te enseñare el mar que inspira tus versos y
las flores del jardín que me vieron mil veces morir.
Te enseñare mi prisión,
que va de la cama al balcón,
te enseñare el dolor que guarda el espejo,
te enseñare mi piel blanca en ausencia de tu sol.
Te enseñare como es el musgo que crece en la soledad,
te enseñare la locura en los papeles,
te enseñare el humo en los techos,
acuñado de tanto tiempo de fumar tu adiós.
Te enseñare la hendidura de mis mejillas,
te enseñare mi cárcel judía,
llena de alambradas mentales,
de hornos hirvientes,
donde nadie me lleva a la fuerza
caminaría solo al ocaso
si los tuviera y no los tengo.
Ven a verme una noche, toma mi mano
y te enseñare de desiertos sin agua
de jardines sin abejas ,
de cañas de flores sin pétalos,
secas en la espera,
de ojos sin brillo puedo enseñarte,
de perros sin vos en su última noche.
En la solides del sufrimiento,
puedo declarar lo acaudalado que estoy de espacios muertos,
de arañas muertas en los rincones, de moscas
en la casa,
de ampolletas amarillas con escaras.
Acaudalado y lleno de esqueletos los estantes,
desde que te fuiste.
Dame tu mano esta noche y viajemos juntos
a tu mundo,
el que se esconde tras mis ventanas,
el que tiene tu nombre en la puerta
y que florece negro cada vez que te recuerdo.
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