Dantalion. (Vasonegro. Capi 37)
Cuando en medio de la noche los espíritus;
enhebran como hilos sus lastimosos quejidos,
un animal salvaje se despierta y huye,
aturdido por los ecos misteriosos de aquellos gritos.
El hombre que es también animal indómito
ha escuchado jubiloso los versos malditos;
y emergiendo desde las sombras como un búho,
persigue y busca con delirio lo antes dicho.
Oh, espectro perverso que vagas impávido como demente,
y que pernoctas con tus vicios en los oscuros laberintos,
ignora los satánicos cantos que provienen de los avernos,
y retorna a la luz divina que moraba en tus instintos.
Pero el hombre desobedece; -¡jamás fue dócil!-
pues escuchando aquellas malignas voces se desata
y se convierte en un ser monstruoso; un imbécil
que profanando a la moral del mundo, la ultraja y desbarata.
Y es así como nacen los crueles basiliscos
desde el fondo ingenuo de la conducta humana
y adoran los vanos cultos, las hierbas malas
porque de adorar las sanas virtudes no hubo ganas.
Y si más adelante; por rescatarlo Dios lo premiara
ofreciéndole elegir entre dos caminos puros:
la redención divina o el amor fecundo;
fabricaría en medio del follaje un turbulento surco,
y se perdería por los nocturnos vericuetos del pecado,
porque está en su sangre la fe maligna del sátiro más inmundo.
Albo Aguasola
Cuando en medio de la noche los espíritus;
enhebran como hilos sus lastimosos quejidos,
un animal salvaje se despierta y huye,
aturdido por los ecos misteriosos de aquellos gritos.
El hombre que es también animal indómito
ha escuchado jubiloso los versos malditos;
y emergiendo desde las sombras como un búho,
persigue y busca con delirio lo antes dicho.
Oh, espectro perverso que vagas impávido como demente,
y que pernoctas con tus vicios en los oscuros laberintos,
ignora los satánicos cantos que provienen de los avernos,
y retorna a la luz divina que moraba en tus instintos.
Pero el hombre desobedece; -¡jamás fue dócil!-
pues escuchando aquellas malignas voces se desata
y se convierte en un ser monstruoso; un imbécil
que profanando a la moral del mundo, la ultraja y desbarata.
Y es así como nacen los crueles basiliscos
desde el fondo ingenuo de la conducta humana
y adoran los vanos cultos, las hierbas malas
porque de adorar las sanas virtudes no hubo ganas.
Y si más adelante; por rescatarlo Dios lo premiara
ofreciéndole elegir entre dos caminos puros:
la redención divina o el amor fecundo;
fabricaría en medio del follaje un turbulento surco,
y se perdería por los nocturnos vericuetos del pecado,
porque está en su sangre la fe maligna del sátiro más inmundo.
Albo Aguasola