DANZA DE CONTINUOS
(I)
Contemplo las quimeras del sueño
cóncavos espejos donde los faunos
gotean entre las flores acampanadas
y plenas de desvanecidos líquidos
que, sagrados, son propiedad del sol.
Ya se desvanece el jardín, anuncia
su alfombra de labios en cenit
y con el amanecer de la tierra
conversa con las piedras vernales.
Quiero perpetuarme en esa divinidad,
recorrer las perlas sueltas y misteriosas
pues la mirada llega a la cátedra aguada
donde el silencio desemboca acristalado.
Quiero dejar las alas para anclarme
en la parte posterior de la luna goteada,
en los reflejos de las heridas de la tierra
profundidad, grandeza de fuego en laberintos
de arcos silenciosos y vastos atardeceres.
(II)
Nazco en la celda de los giros.
Me ciño a la rueda del carrusel,
clarinete de danza de continuos
que, en mis alambres de niño despierto,
miran el brillo de ese latido de ritmos.
Mis ojos apuntan un quizás.
¿Es vértigo?
Alcanzo la tapia de las tristezas
y se refleja una mirada de luces
y los latidos confusos del vaivén.
Hermosa melodía;
plegaria de un sueño.
Dios para jugar,
amor en soplo de esa vitalidad
que sacude la madera decorada
en las olas valiosas de los infinitos.
* * * * * * *
luzyabsenta
Ver en eje descompuesto mi carrusel; ser humano para sentir que en los vértigos
hay una estrecha melodía. Así, sólo y de esa forma sentirse en los soplos divinos de una ola infinita.