Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las danzas inundaban las calles norteñas,
ignorando las horas, los bailarines disfrazados
como sus antepasados, se dejaron llevar por
los giros incesantes acompasados por instrumentos
antiguos, impregnados del color local...
En el aire preexistìa un pesado hechizo,
un suspiro flotando a travès del aire asfixiante,
era un suspiro flotante, por la coca mascada
que generaba la energìa en los cuerpos agotados
de toda esa noche que retumbaba en los corazones
marcando el paso festivo.
La fulguraciòn del cielo y las luciernagas,
con las bailes rituales, perdidos en sus
giros, contenìan el embrujo.
Y eran su màscaras reflejos de sus ritos
y los tamborilleos de sus hechizos.
Mientras, el cielo plasmaba de rojo,
ahuecaba el humo de la pira sagrada.
Y con los desordenados saltos
aquel eufòrico griterio del presente
en un momento del alba pròxima
desvanece...
ignorando las horas, los bailarines disfrazados
como sus antepasados, se dejaron llevar por
los giros incesantes acompasados por instrumentos
antiguos, impregnados del color local...
En el aire preexistìa un pesado hechizo,
un suspiro flotando a travès del aire asfixiante,
era un suspiro flotante, por la coca mascada
que generaba la energìa en los cuerpos agotados
de toda esa noche que retumbaba en los corazones
marcando el paso festivo.
La fulguraciòn del cielo y las luciernagas,
con las bailes rituales, perdidos en sus
giros, contenìan el embrujo.
Y eran su màscaras reflejos de sus ritos
y los tamborilleos de sus hechizos.
Mientras, el cielo plasmaba de rojo,
ahuecaba el humo de la pira sagrada.
Y con los desordenados saltos
aquel eufòrico griterio del presente
en un momento del alba pròxima
desvanece...
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