F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Dar la mano
El agua dulce del río
se va cantando hacia el mar
mezclando, así, su dulzura
con lo amargo y con la sal.
Que nadie critique al río
por su tendencia a entregar,
porque el río no se amarga
entregándose. Además:
es el mar el que se endulza
con el amor que le dan
Igual le ocurre a la rosa
meciéndose en el rosal:
las espinas no la afean,
son las espinas que van
embelleciéndose ellas
esgrimiendo su puñal
junto a las rosas risueñas
en el edén natural.
Nadie rebaja su estirpe
nadie pierde el pedestal
por dar la mano al caído,
a la mujer sin moral,
al desorientado y triste,
o al más indigno mortal:
todos levantan sus ojos
y mucho más su moral,
en medio de su pobreza,
en medio de su humildad,
cuando aparece una mano
que le ayuda a levantar
los ojos de su miseria,
obligándole a pensar
que no todo se ha perdido
que se puede caminar
en medio de las desgracias
o de la fatalidad
Y tú, por eso, bien sabes
no pierdes… tu dignidad.
Camina, pues, como el río
ayudando a los demás.
El agua dulce del río
se va cantando hacia el mar
mezclando, así, su dulzura
con lo amargo y con la sal.
Que nadie critique al río
por su tendencia a entregar,
porque el río no se amarga
entregándose. Además:
es el mar el que se endulza
con el amor que le dan
Igual le ocurre a la rosa
meciéndose en el rosal:
las espinas no la afean,
son las espinas que van
embelleciéndose ellas
esgrimiendo su puñal
junto a las rosas risueñas
en el edén natural.
Nadie rebaja su estirpe
nadie pierde el pedestal
por dar la mano al caído,
a la mujer sin moral,
al desorientado y triste,
o al más indigno mortal:
todos levantan sus ojos
y mucho más su moral,
en medio de su pobreza,
en medio de su humildad,
cuando aparece una mano
que le ayuda a levantar
los ojos de su miseria,
obligándole a pensar
que no todo se ha perdido
que se puede caminar
en medio de las desgracias
o de la fatalidad
Y tú, por eso, bien sabes
no pierdes… tu dignidad.
Camina, pues, como el río
ayudando a los demás.
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