tomaldo
Poeta adicto al portal
Cuéntame mi niña,
que esa sonrisa algo esconde,
cuéntame princesa,
como viviste aquella noche;
cuando mi cuerpo fue tu cuerpo,
buscando el mismo horizonte.
Cuéntame mi reina,
que sentiste en ese abrazo,
con mis caricias por tu espalda;
tu cuello fundido entre mis labios.
Bailándole un vals a la noche,
como dos de sus estrellas,
mas radiantes que la misma luna,
filmamos la imagen mas bella.
Figuras de carne trémula,
que con la llegada de la aurora,
hacen de sus cuerpos uno,
como el imán y el acero,
como la espina y la rosa.
Y al pronunciar por fin un te quiero,
y despedirnos, pensando en la hora,
el ansia, hasta vernos de nuevo,
para darnos amor,
en la luz o en la sombra.
Cada poema es único; En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema, y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
Copyright © 2008 Tomás García Martos. Todos los derechos reservados.
que esa sonrisa algo esconde,
cuéntame princesa,
como viviste aquella noche;
cuando mi cuerpo fue tu cuerpo,
buscando el mismo horizonte.
Cuéntame mi reina,
que sentiste en ese abrazo,
con mis caricias por tu espalda;
tu cuello fundido entre mis labios.
Bailándole un vals a la noche,
como dos de sus estrellas,
mas radiantes que la misma luna,
filmamos la imagen mas bella.
Figuras de carne trémula,
que con la llegada de la aurora,
hacen de sus cuerpos uno,
como el imán y el acero,
como la espina y la rosa.
Y al pronunciar por fin un te quiero,
y despedirnos, pensando en la hora,
el ansia, hasta vernos de nuevo,
para darnos amor,
en la luz o en la sombra.
Cada poema es único; En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema, y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
Copyright © 2008 Tomás García Martos. Todos los derechos reservados.
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