Marco Rosmarine
Poeta recién llegado
Como de arriba a abajo.
Como de un pecho a cientos,
mi voz de oro lampante
se vierte, densa, al líquido puro.
Al árbol del Alcanfor me abato:
embalsamo al Amor
y a sus agravios,
eternalizándome
de una felicidad absurda
y homogénea.
¿Qué, qué, qué, qué, qué
hay tras de los sentires?
Áurea sonoridad,
¡vibras, tartamudeas
y te rompes
al estallido sepulcral
de una respuesta silenciosa!
Ante la viciada ignorancia de los dioses.
Ante mí que soy el Dios de mí mismo:
Un total desconocido.
Desconocedor de todo.
Como de un pecho a cientos,
mi voz de oro lampante
se vierte, densa, al líquido puro.
Al árbol del Alcanfor me abato:
embalsamo al Amor
y a sus agravios,
eternalizándome
de una felicidad absurda
y homogénea.
¿Qué, qué, qué, qué, qué
hay tras de los sentires?
Áurea sonoridad,
¡vibras, tartamudeas
y te rompes
al estallido sepulcral
de una respuesta silenciosa!
Ante la viciada ignorancia de los dioses.
Ante mí que soy el Dios de mí mismo:
Un total desconocido.
Desconocedor de todo.
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