Juntamos sufridas vísperas de una nota crucial,
un café a orillas del aula doce de la facultad,
nervios impropios, un decir sin hablar,
ojeras post parcial difamaban un corazón de metal.
No me pregunten por qué, apenas pasaban las diez,
entramos al telo más cercano sin mediar tercer beso.
Ayer sólo conocía su ir y que se apellidaba Cortés;
hoy le sumé, su nombre Natalia, el milagro en sus dedos.
Sin histerias ni historias, la mujer quería gozar,
yo dispuesto a servir, ambos dispuestos a probar,
para que nos vamos a engañar con discusiones ateas,
no hay mujer que te enseñe a besar cuando no te desea.
Interrumpió el celular anunciando que era su cumpleaños,
la convencí empezá a festejar tomando un champagne
en copas de cuerpos desnudos pseudos enamorados…
Me embriagué bebiendo en su arte, nunca supe su edad, .
Como todo señor que escapa a sus miedos, me jacté no serlo,
me volví a enamorar en el éxtasis del encuentro casual.
Eran tiempos de deudas pendientes, de estar y escapar,
dictamen letal, aprendí a gozar antes del tercer tiempo.
.
En la puerta de un taxi en Callao,
la adicción a sus manos, una marca en su cuello,
la vi perderse sin más, me dije que hombre más lento
como vas a volverla a encontrar sin robar su teléfono.
El destino un viernes cualquiera nos reencontró en Retiro,
hipócrita saludo de amigos, más cierta su mano en mi ombligo,
nunca sacamos pasaje, nunca llegamos a tiempo,
me dijo: No podías no aprender a besar; ¡Como te deseo!
un café a orillas del aula doce de la facultad,
nervios impropios, un decir sin hablar,
ojeras post parcial difamaban un corazón de metal.
No me pregunten por qué, apenas pasaban las diez,
entramos al telo más cercano sin mediar tercer beso.
Ayer sólo conocía su ir y que se apellidaba Cortés;
hoy le sumé, su nombre Natalia, el milagro en sus dedos.
Sin histerias ni historias, la mujer quería gozar,
yo dispuesto a servir, ambos dispuestos a probar,
para que nos vamos a engañar con discusiones ateas,
no hay mujer que te enseñe a besar cuando no te desea.
Interrumpió el celular anunciando que era su cumpleaños,
la convencí empezá a festejar tomando un champagne
en copas de cuerpos desnudos pseudos enamorados…
Me embriagué bebiendo en su arte, nunca supe su edad, .
Como todo señor que escapa a sus miedos, me jacté no serlo,
me volví a enamorar en el éxtasis del encuentro casual.
Eran tiempos de deudas pendientes, de estar y escapar,
dictamen letal, aprendí a gozar antes del tercer tiempo.
.
En la puerta de un taxi en Callao,
la adicción a sus manos, una marca en su cuello,
la vi perderse sin más, me dije que hombre más lento
como vas a volverla a encontrar sin robar su teléfono.
El destino un viernes cualquiera nos reencontró en Retiro,
hipócrita saludo de amigos, más cierta su mano en mi ombligo,
nunca sacamos pasaje, nunca llegamos a tiempo,
me dijo: No podías no aprender a besar; ¡Como te deseo!
Última edición: