La salida del sábado a la noche
derivó une vez más en aquel bar;
Lugar mítico, rebelde, inmaculado,
lugar de principio conocido,
de finales inciertos.
Aquella oscuridad premeditada,
apaciguada por nubarrones artificiales
y cataratas de relámpagos
acaecidos a voluntad de aquel señor.
Las personas
simplemente difusas marionetas
manejadas por la música, el alcohol,
una mirada, un impulso, una represión.
De repente apareció resonante
con una excusa tan original como insostenible,
una sonrisa tan vivaz como fugaz,
unos ojos que invitaban a jugar...
Con el tiempo,
Cortazar discutía con Keynes,
Sócrates, Borges y lavagna jugaban un billar,
la vieja filosofía luchaba
para no volverse una economía racional.
Al rato inventó un viaje
con pasaje de ida,
con el de vuelta cancelado
dejando a la historia a caprichos del destino,
Me dejó con un beso en el bolsillo,
una duda en lo profundo de mis labios...
Con un gerundio atragantado
y un suspiro en el recuerdo de sus ojos.
Sabía que tenia vista de algún lado,
a la alumna que se sienta de la última ventana
a un costado;
y que tiene esos ojos que invitan a jugar
derivó une vez más en aquel bar;
Lugar mítico, rebelde, inmaculado,
lugar de principio conocido,
de finales inciertos.
Aquella oscuridad premeditada,
apaciguada por nubarrones artificiales
y cataratas de relámpagos
acaecidos a voluntad de aquel señor.
Las personas
simplemente difusas marionetas
manejadas por la música, el alcohol,
una mirada, un impulso, una represión.
De repente apareció resonante
con una excusa tan original como insostenible,
una sonrisa tan vivaz como fugaz,
unos ojos que invitaban a jugar...
Con el tiempo,
Cortazar discutía con Keynes,
Sócrates, Borges y lavagna jugaban un billar,
la vieja filosofía luchaba
para no volverse una economía racional.
Al rato inventó un viaje
con pasaje de ida,
con el de vuelta cancelado
dejando a la historia a caprichos del destino,
Me dejó con un beso en el bolsillo,
una duda en lo profundo de mis labios...
Con un gerundio atragantado
y un suspiro en el recuerdo de sus ojos.
Sabía que tenia vista de algún lado,
a la alumna que se sienta de la última ventana
a un costado;
y que tiene esos ojos que invitan a jugar