Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Porque no sé lo que vale un peine
he pasado la noche en blanco.
No creo que exista alguien
en el mundo que lo sepa;
pero nos enteraremos
de su precio cuando los perros
se den cuenta de la cizalla
que tienen por boca y la usen
para degustar yugulares humanas.
“Esto solo ocurrirá el día
que las ranas críen pelo”
se estará diciendo ahora mismo
algún incauto con ciertas dosis
para el sarcasmo y el chiste fácil.
Yo, que no soy de los que no suelta
prenda o va por ahí dorando
la píldora pienso que, sin pretender
echar más leña al fuego,
no está el horno para bollos;
pero como sigamos mirándonos
el ombligo y dando gato
por liebre, más pronto
que tarde dejaremos de tener
la sartén por el mango
y a las primeras de cambio,
en menos que canta un gallo,
todo se nos irá de las manos
y pagaremos los platos rotos,
lo cual nos costará más
de un ojo de la cara.
Y cuando eso ocurra,
los que mandan,
partidarios de más vale
pájaro en mano, terminarán
con un palmo de narices.
Lo malo es que a dos velas
se quedará temblando también
la humanidad entera
mientras espera a verlas venir.
he pasado la noche en blanco.
No creo que exista alguien
en el mundo que lo sepa;
pero nos enteraremos
de su precio cuando los perros
se den cuenta de la cizalla
que tienen por boca y la usen
para degustar yugulares humanas.
“Esto solo ocurrirá el día
que las ranas críen pelo”
se estará diciendo ahora mismo
algún incauto con ciertas dosis
para el sarcasmo y el chiste fácil.
Yo, que no soy de los que no suelta
prenda o va por ahí dorando
la píldora pienso que, sin pretender
echar más leña al fuego,
no está el horno para bollos;
pero como sigamos mirándonos
el ombligo y dando gato
por liebre, más pronto
que tarde dejaremos de tener
la sartén por el mango
y a las primeras de cambio,
en menos que canta un gallo,
todo se nos irá de las manos
y pagaremos los platos rotos,
lo cual nos costará más
de un ojo de la cara.
Y cuando eso ocurra,
los que mandan,
partidarios de más vale
pájaro en mano, terminarán
con un palmo de narices.
Lo malo es que a dos velas
se quedará temblando también
la humanidad entera
mientras espera a verlas venir.