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Tú eres para mí en el invierno más crudo ese Sol de madrugada que anida en tus ojos.
Ese Sol que despierta a los días con la sensación, de que el amor atraviesa el aire que nos separa golpea la piel, y deja un rayo de cristal por donde ilusionado miro cada amanecer.
Tú eres para mí en el invierno más crudo ese Sol de madrugada que anida en tus ojos.
Ese Sol que despierta a los días con la sensación, de que el amor atraviesa el aire que nos separa golpea la piel, y deja un rayo de cristal por donde ilusionado miro cada amanecer.