Dan_Z
Poeta recién llegado
Estudié el plumaje de aquel cuervo,
oscuro y espeso, del hálito al viento,
como el canto del mar, o el álgido beso
que en tu corazón desenvainado, robaba al desprecio.
Y los grises en su eufonía y los gritos en su afonía,
armoniosos en canon de letras y tristeza,
bajo la clarividente mirada de tus sombras, tus memorias,
que escribe en sútil letra, tus románticas proezas.
Y ese mismo cuervo que volaba en nuestro cielo,
levantaba el polvo que ensuciaba nuestras manos,
separaba nuestros labios y vaciaba el infierno,
contemplaba tus ojos y miraba astros.
La geoda ya fugada en manos de tu aliento,
brillaba rutilante y rodaba hacia el fuego;
Y aquel pigmeo sueño pintado de negro,
esculpía nuestros rostros con geodas del invierno.
Y siguieron tus pestañas la umbra de aquel cuervo,
que sobre mis hombros mataba los sentimientos,
abatía mis alfanjes y me dejaba muerto.
Tus ojos despertaron en lúgubre ensueño,
efímeros recuerdos del trágico piélago,
y hacia el ocaso despertaba aquel cuervo,
te miraba a los ojos y morías por dentro.
Y te esperé en una nube, por sobre el Universo,
estabas vestida en negro, caminabas hacia el tiempo,
y el cuervo acudía a la empresa de tu sueño,
me tomabas por las manos, mirabas mis labios,
y recorrimos el amor, en donde no tuvimos miedo.
oscuro y espeso, del hálito al viento,
como el canto del mar, o el álgido beso
que en tu corazón desenvainado, robaba al desprecio.
Y los grises en su eufonía y los gritos en su afonía,
armoniosos en canon de letras y tristeza,
bajo la clarividente mirada de tus sombras, tus memorias,
que escribe en sútil letra, tus románticas proezas.
Y ese mismo cuervo que volaba en nuestro cielo,
levantaba el polvo que ensuciaba nuestras manos,
separaba nuestros labios y vaciaba el infierno,
contemplaba tus ojos y miraba astros.
La geoda ya fugada en manos de tu aliento,
brillaba rutilante y rodaba hacia el fuego;
Y aquel pigmeo sueño pintado de negro,
esculpía nuestros rostros con geodas del invierno.
Y siguieron tus pestañas la umbra de aquel cuervo,
que sobre mis hombros mataba los sentimientos,
abatía mis alfanjes y me dejaba muerto.
Tus ojos despertaron en lúgubre ensueño,
efímeros recuerdos del trágico piélago,
y hacia el ocaso despertaba aquel cuervo,
te miraba a los ojos y morías por dentro.
Y te esperé en una nube, por sobre el Universo,
estabas vestida en negro, caminabas hacia el tiempo,
y el cuervo acudía a la empresa de tu sueño,
me tomabas por las manos, mirabas mis labios,
y recorrimos el amor, en donde no tuvimos miedo.
Última edición: