Luis_Videla
Poeta adicto al portal
Cuando mis manos se deslizan
por el fecundo valle de tu vientre,
tus pechos me saben a promesas,
y el aroma de tu piel se apropia
de mis sentidos y mi boca.
Busco y reclamo, impaciente,
el lago aprisionado entre tus muslos;
el sabor de tu goce se perpetúa
en mis labios, y se va conmigo.
Cuando tu boca exige, imperiosa,
tu cuerpo se tensa, mi piel se encabrita,
es entonces que me susurras al oído
que no me detenga, que te anegue el cuerpo.
En ese instante, te miro a los ojos,
y me gana la certeza que sueñas
con un trayecto de nueve lunas;
y descubro que empiezas a concebir,
un futuro de cunas y cigüeñas.
Para Maria Eugenia, porque se resistió a que las vicisitudes de la vida la obligaran a resignar sus sueños.
por el fecundo valle de tu vientre,
tus pechos me saben a promesas,
y el aroma de tu piel se apropia
de mis sentidos y mi boca.
Busco y reclamo, impaciente,
el lago aprisionado entre tus muslos;
el sabor de tu goce se perpetúa
en mis labios, y se va conmigo.
Cuando tu boca exige, imperiosa,
tu cuerpo se tensa, mi piel se encabrita,
es entonces que me susurras al oído
que no me detenga, que te anegue el cuerpo.
En ese instante, te miro a los ojos,
y me gana la certeza que sueñas
con un trayecto de nueve lunas;
y descubro que empiezas a concebir,
un futuro de cunas y cigüeñas.
Para Maria Eugenia, porque se resistió a que las vicisitudes de la vida la obligaran a resignar sus sueños.