sebastianidad
Poeta recién llegado
De ella hacia mi
Para que descanse tu acongojado pecho
toda mi ternura navega
en un mar sin fronteras,
donde desde la luna
enciendo el camino
de las huellas
que te llevarán hacia mi.
Caigo como el rocío
sobre pétalos de fantasía
de una real flor.
Te alimento día y noche
para apaciguar el desconsuelo
de las verdades que obstinadamente buscás.
Tu escritura me hace dichosa,
las creaciones de tu genio
son fecundadas por mi fuego
que transcurre como eternidad.
Pero,
las lejanías
se nos hicieron costumbre,
construimos las brazas
de la soledad,
caímos en la cuenta
del delgado saber
que guarda como secreto
las vicisitudes de esa palabra
remota y fugitiva
que se esconde como la luna
cuando la miramos a la cara.
Perdidos en el aire
livianos y suaves
somos nubes
que se disipan con la lluvia,
como un ocaso en primavera
nos deja entre ver
el paso del tiempo,
el abismo sin medida
azotándonos por las tardes de domingo.
Ahora,
así, consumados los hechos
nos envuelve un velo despiadado:
quizás sea el túnel de mi cabello
o mi aroma a glicinas
o las noches de color en la penumbra
o los celos encubiertos de venganza
o el consolar tu tristeza liquida en los ojos
o el yacer de tu acongojado pecho sobre mis senos.
Lo cierto,
(aquí, interviene tu meticuloso señor del método)
El destino se configura
en base a una regularidad
de dos sistemas orgánicos-psíquicos
en una situación espacio-temporal
de carácter incompatible.
Es como si yo fuese A
Y vos cualitativamente no A
Por lo tanto,
la lógica binaria
nos vuelve hostiles.
Para decirlo con tus palabras,
el destino guarda en secreto
los caprichos del desencuentro,
el azar que nos hizo
participantes y espectadores
juntos,
desliga hoy, como cometido
de nuevas esperanzas
este cruce
que se nos vuelve recuerdo
asentándose en la fragilidad
como flor de un delirio
que devino marchita
en las alas de un ave
que un buen dia partió en pleno vuelo
para descender como pluma
sobre aquel nuevo mar
de ternuras sin fronteras.
De ella hacia mi.
Por Sebastián Bertuccio.
Para que descanse tu acongojado pecho
toda mi ternura navega
en un mar sin fronteras,
donde desde la luna
enciendo el camino
de las huellas
que te llevarán hacia mi.
Caigo como el rocío
sobre pétalos de fantasía
de una real flor.
Te alimento día y noche
para apaciguar el desconsuelo
de las verdades que obstinadamente buscás.
Tu escritura me hace dichosa,
las creaciones de tu genio
son fecundadas por mi fuego
que transcurre como eternidad.
Pero,
las lejanías
se nos hicieron costumbre,
construimos las brazas
de la soledad,
caímos en la cuenta
del delgado saber
que guarda como secreto
las vicisitudes de esa palabra
remota y fugitiva
que se esconde como la luna
cuando la miramos a la cara.
Perdidos en el aire
livianos y suaves
somos nubes
que se disipan con la lluvia,
como un ocaso en primavera
nos deja entre ver
el paso del tiempo,
el abismo sin medida
azotándonos por las tardes de domingo.
Ahora,
así, consumados los hechos
nos envuelve un velo despiadado:
quizás sea el túnel de mi cabello
o mi aroma a glicinas
o las noches de color en la penumbra
o los celos encubiertos de venganza
o el consolar tu tristeza liquida en los ojos
o el yacer de tu acongojado pecho sobre mis senos.
Lo cierto,
(aquí, interviene tu meticuloso señor del método)
El destino se configura
en base a una regularidad
de dos sistemas orgánicos-psíquicos
en una situación espacio-temporal
de carácter incompatible.
Es como si yo fuese A
Y vos cualitativamente no A
Por lo tanto,
la lógica binaria
nos vuelve hostiles.
Para decirlo con tus palabras,
el destino guarda en secreto
los caprichos del desencuentro,
el azar que nos hizo
participantes y espectadores
juntos,
desliga hoy, como cometido
de nuevas esperanzas
este cruce
que se nos vuelve recuerdo
asentándose en la fragilidad
como flor de un delirio
que devino marchita
en las alas de un ave
que un buen dia partió en pleno vuelo
para descender como pluma
sobre aquel nuevo mar
de ternuras sin fronteras.
De ella hacia mi.
Por Sebastián Bertuccio.
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