Manuel Avilés Mora
Pluma libre
De entre el barro de treinta años, nació mi verso.
Resurgió en un desperezarse de siglos
y ahora aprende a andar los universos
con la torpeza de un hombre ya maduro.
Mis rudas manos de trabajo duro,
reconocen ya el tacto suave de la pluma
y mi corazón no olvida el sueño seguro
que provoca en mí y que mi papel perfuma.
Jamás se diluyeron mis entrañas,
ni mis arterias fueron tan estrechas
que no pudieran regar montañas
que dieran dulces siembras y cosechas.
Mis nuevos días son amor que bañas
con las hermosas flores no deshechas
de siglos sin palabras en mi pluma
que me anegaron luego de su espuma
los campos de palabras tan estrechas.
Letras, por lecciones de la vida, ya maduras ...
Consuelo de mil noches de venenosos desvelos,
que ni siquiera sienten mis carnes;
anestesiadas por el vacío que queda
cuando mi alma vuelca la sustancia
que con palabras, forma versos y estructuras.
Resurgió en un desperezarse de siglos
y ahora aprende a andar los universos
con la torpeza de un hombre ya maduro.
Mis rudas manos de trabajo duro,
reconocen ya el tacto suave de la pluma
y mi corazón no olvida el sueño seguro
que provoca en mí y que mi papel perfuma.
Jamás se diluyeron mis entrañas,
ni mis arterias fueron tan estrechas
que no pudieran regar montañas
que dieran dulces siembras y cosechas.
Mis nuevos días son amor que bañas
con las hermosas flores no deshechas
de siglos sin palabras en mi pluma
que me anegaron luego de su espuma
los campos de palabras tan estrechas.
Letras, por lecciones de la vida, ya maduras ...
Consuelo de mil noches de venenosos desvelos,
que ni siquiera sienten mis carnes;
anestesiadas por el vacío que queda
cuando mi alma vuelca la sustancia
que con palabras, forma versos y estructuras.