Sara Lebrel
Poeta recién llegado
Con cinco años, una niña grande se me coló
en el cuerpo.
Sé hablar gracias al Mundo Al revés que me leía
mi madre.
Supe lo que era la guerra con humor,
la poesía bonita
y el mundo que había que parar
y que aún seguimos derrocando en la alambrada.
Una niña grande se me coló en el cuerpo
y supo hacer de mí una niña pequeña siempre.
Lo sigo siendo.
Y lo seré. No lo dudo.
Los niños pequeños consiguen lo que se proponen,
se caen y saben que pueden con todo con lo que no se atrevieron.
Las alas ya no me duelen, he aprendido a caminar
por los barrios que nunca pisé por miedo a la noche.
Ya no temo al hombre del saco, el mundo se hará algo mejor.
Las religiones empiezan a desmoronarse y solo queda Dios,
creo que algo estamos haciendo bien.
Se me ha colado una mujer grande en el cuerpo
que me arropa por las noches
y me recuerda su autobiografía en pocos versos.
Me suele decir: nací en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.
Nos ha mecido a todos en la cuna,
nos vuelve las sábanas del revés
nos ha enseñado a ser fuertes -a las mujeres-
en posguerra.
Y mientras, seguimos estudiando a hombres que no llegan,
a Generaciones que quedan sin marcar.
Espero que algún día os podamos estudiar.
en el cuerpo.
Sé hablar gracias al Mundo Al revés que me leía
mi madre.
Supe lo que era la guerra con humor,
la poesía bonita
y el mundo que había que parar
y que aún seguimos derrocando en la alambrada.
Una niña grande se me coló en el cuerpo
y supo hacer de mí una niña pequeña siempre.
Lo sigo siendo.
Y lo seré. No lo dudo.
Los niños pequeños consiguen lo que se proponen,
se caen y saben que pueden con todo con lo que no se atrevieron.
Las alas ya no me duelen, he aprendido a caminar
por los barrios que nunca pisé por miedo a la noche.
Ya no temo al hombre del saco, el mundo se hará algo mejor.
Las religiones empiezan a desmoronarse y solo queda Dios,
creo que algo estamos haciendo bien.
Se me ha colado una mujer grande en el cuerpo
que me arropa por las noches
y me recuerda su autobiografía en pocos versos.
Me suele decir: nací en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores,
-no digo nombres-,
gracias a eso, pude sobrellevar
mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta,
-pero Dios y el botones saben que no lo soy-.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.
Nos ha mecido a todos en la cuna,
nos vuelve las sábanas del revés
nos ha enseñado a ser fuertes -a las mujeres-
en posguerra.
Y mientras, seguimos estudiando a hombres que no llegan,
a Generaciones que quedan sin marcar.
Espero que algún día os podamos estudiar.