Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En la sábana hueca de las hadas marcadas por la injuria
-De inteligencia puede no vivirse.-,
pastaban los conejos como jaulas, sin vientre,
siguiendo el resplandor de las columnas,
catacumbas y planos laberínticos,
con ese golpeteo de mandíbulas que reclinan la lluvia
-Sentada, acomodada lluvia sin abismos.-,
mientras una lombriz sombría agonizaba,
la subasta de espejos.
La economía ahorcaba a una serpiente,
pozo de los deseos,
con la mirada célebre del insecto, parco en luces y agua.
Solo era el vuelo de un halcón sumergido en cavernas
-Cordilleras con pico, fantasioso avestruz.-,
cuyo plumaje hacía la oscuridad visible.
Y los seres autóctonos a los que llamo páginas son el golpe de efecto,
el fósil del revuelo,
esa mirada crítica, reticente, exquisita,
con la que los poetas reciclan, reutilizan el caótico cuerpo del presente.
Son visiones que insertan su moneda en mis cuencas,
videojuegos sin trucos ni consejos.
-De inteligencia puede no vivirse.-,
pastaban los conejos como jaulas, sin vientre,
siguiendo el resplandor de las columnas,
catacumbas y planos laberínticos,
con ese golpeteo de mandíbulas que reclinan la lluvia
-Sentada, acomodada lluvia sin abismos.-,
mientras una lombriz sombría agonizaba,
la subasta de espejos.
La economía ahorcaba a una serpiente,
pozo de los deseos,
con la mirada célebre del insecto, parco en luces y agua.
Solo era el vuelo de un halcón sumergido en cavernas
-Cordilleras con pico, fantasioso avestruz.-,
cuyo plumaje hacía la oscuridad visible.
Y los seres autóctonos a los que llamo páginas son el golpe de efecto,
el fósil del revuelo,
esa mirada crítica, reticente, exquisita,
con la que los poetas reciclan, reutilizan el caótico cuerpo del presente.
Son visiones que insertan su moneda en mis cuencas,
videojuegos sin trucos ni consejos.
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