NiñaSanctuary
Poeta adicto al portal
La tristeza que hoy siento, es por ella.
Me apena mucho su ser errante, conflictuado.
Su dolor me cala como un malestar diseminado
en lágrimas internas de culpa, rabia y desdén.
Puedo ver, aquí de frente, ese pedazo de mujer
que sólo quiso volver a sentirse amada;
con la mirada rota, ahora, regresa desalmada,
con la piel rasgada, sucia y sin saber de quién.
Me clavo en la mirada que tiene desteñida,
en ese pálido vacío de sus palmas centelleando,
en cada poro veo el hueco de la dignidad perdida
y en cada trago de saliva el arrepentimiento, rumeando.
¿Quién eres? Le pregunto.
¿En qué te has convertido? Le reclamo.
Hoy eres la mujer cualquiera, sin nombre,
perfecta y voluntaria burla de algún fulano.
¿Qué has hecho? Me impresiono.
¡Qué estúpida que has sido!
No valen las razones que hayas tenido.
¡Esto simplemente no se le hace a nadie!
Al término de desahogar así tanto desprecio,
quizás debiera en algún momento perdonarle;
debiera reconocerle que aún de frente, me hable,
mísera, desconsolada, esa mujer del espejo.