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Vengo de una noche azul,
la luna ha dejado de llover
y a mí me gusta el gris.
Cada amanecer visto mi desayuno
de grises y salgo hacia la fábrica
en donde comparto otras lluvias
con otros compañeros también grises.
Una campanilla roja
despierta mis grises interiores
que escapan deseosos de ver risas amarillas,
de niñas amarillas,
que tiñan con sus despeinados bostezos:
lo grises de las máquinas,
los pisos grises del hastío,
los rostros enojados y grises de los gerentes.
/Hay un hombre de sed salada,
una angustia cerrada mordiendo los labios,
y el reloj de piedra, oculta, su perezosa vergüenza/
Recién es lunes:
lunes de pájaros abrazados a una almohada
lamiendo un sueño inconcluso.
Y aún queda bastante día para sobrevivir a la intemperie.
llegas poco
pero cuando llegas arrasas con tus versos
un abrazo don Siprés
árbol enhiesto donde los haya
apuntando al cielo
pero con las raíces bien firmes en la realidad
elPerro
La policromía de las palabras en un poema de fondo fundamentalmente gris, en el que las frases se unen magistralmente creando un ambiente poético de refinado lirismo. Un verdadero poema en verso libre, muy difícil de crear para aquellos que desde hace tiempo militamos en la clásica. Un abrazo, Compañero. Y gracias por este instante de grata poesía.
Gracias a ti.Qué doloroso resulta a veces volver a un poema(por bueno y grande que sea)Tu presencia es valorada, es alimento.
Gracias, Rosario.
Te envío un arcoiris que tinte un poco al menos, las otras yerbas.
Me ha gustado mucho esta realidad en grises que describes con anhelos de colores.
Felicidades
Palmira
Qué magnífico poema y que gran poeta hay detrás. Siempre es un verdadero placer leerte, Ciprés. Mis abrazos y admiración, compañero.
Un poema coloreado con visiones pesadas, ásperas, aparecidas en un entorno rutinario. Pareciera que adolece, pero al parecer, el individuo se ha adaptado al medio y trata de subsistir a pesar de ello.
Vengo de una noche azul,
la luna ha dejado de llover
y a mí me gusta el gris.
Cada amanecer visto mi desayuno
de grises y salgo hacia la fábrica
en donde comparto otras lluvias
con otros compañeros también grises.
Una campanilla roja
despierta mis grises interiores
que escapan deseosos de ver risas amarillas,
de niñas amarillas,
que tiñan con sus despeinados bostezos:
lo grises de las máquinas,
los pisos grises del hastío,
los rostros enojados y grises de los gerentes.
/Hay un hombre de sed salada,
una angustia cerrada mordiendo los labios,
y el reloj de piedra, oculta, su perezosa vergüenza/
Recién es lunes:
lunes de pájaros abrazados a una almohada
lamiendo un sueño inconcluso.
Y aún queda bastante día para sobrevivir a la intemperie.
Tu presencia es valorada, es alimento.
Gracias, Rosario.
Alimento es tu poesía, compañero, espero que todo te vaya bien...Tu presencia es valorada, es alimento.
Gracias, Rosario.
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