Antonella.M
Poeta recién llegado
Rompimos las ventanas, descabezamos los libros, desbaratamos los pasillos con antigüedades y ridiculeces, desvestimos a las enmascaradas columnas que desfilaban en el zaguán, y finalmente velamos el crepúsculo que ya se estaba acercando.
Entramos abriendo la puerta minuciosamente, luego nos arrastramos lentamente como serpientes venenosas, con la mirada fija en aquellas góndolas del suelo que nos llevaban a épocas lejanas y salvajes. Pasamos aquella pequeña selva oscura que parecía un pasillo lleno de objetos con caras, que miraban como si fueran a delatarnos. Abrimos la pequeña puerta de madera y los vidrios saltaron atemorizados cayendo de punta como dientes de cocodrilo por aquella atrocidad que íbamos a cometer. Luego de la puerta atravesamos un gran salón lleno de recuerdos olvidados; en este gran cuarto encontramos cosas interesantes, agarramos algunas y lo primero que hicimos fue salir por la puerta que pintaba un crepúsculo en la ventana.
Entramos abriendo la puerta minuciosamente, luego nos arrastramos lentamente como serpientes venenosas, con la mirada fija en aquellas góndolas del suelo que nos llevaban a épocas lejanas y salvajes. Pasamos aquella pequeña selva oscura que parecía un pasillo lleno de objetos con caras, que miraban como si fueran a delatarnos. Abrimos la pequeña puerta de madera y los vidrios saltaron atemorizados cayendo de punta como dientes de cocodrilo por aquella atrocidad que íbamos a cometer. Luego de la puerta atravesamos un gran salón lleno de recuerdos olvidados; en este gran cuarto encontramos cosas interesantes, agarramos algunas y lo primero que hicimos fue salir por la puerta que pintaba un crepúsculo en la ventana.