De la cueva a la ciudad

ReyesFP

Poeta recién llegado
DE LA CUEVA A LA CIUDAD



La cueva fue el pasado, la guarida,
el refugio antitodo, la caverna
del hombre, en sus albores, primitivo,
su escondite, su hogar, su madriguera.


La cueva fue el presente, la distancia
que puso al hombre a salvo de las fieras,
la defensa pasiva ante el acoso
de lluvias, vientos, rayos y tormentas.


Llegó a ser el futuro, la esperanza,
cuando las garras fueron solo manos,
donde las fauces fueron solo bocas.
Brazos, manos y bocas, beso, abrazo.


Los aullidos allí fueron palabra,
voz y nombre en las cosas aprendidas.
Dijimos hoja, rama y después árbol.
Gritamos tierra, madre, y antes ¡vida!


La cueva concitó en sus medias luces
los encuentros de miedos compartidos.
Los apremios del sexo, sus urgencias,
las primeras caricias y los hijos.


La cueva ha perpetuado desde siempre
la virtud paridora de la tierra,
su vientre universal, reproductivo,
que dio a luz flores, frutos, hombres, hembras.


La cueva fue la pausa necesaria
para hilvanar heridas y estrategias,
porque sobrevivir era pregunta
inoportuna y siempre sin respuesta.


En la cueva he pasado tantos siglos
que el musgo se ha enraizado en mis entrañas,
dibujando venados y bisontes
en praderas de roca milenarias.


El progreso marcó las diferencias.
Saltamos de la cueva a la cabaña,
del castro, de la aldea, del castillo
a la ciudad soberbia amurallada.


Y un día la ciudad fue como un monstruo
que consiguió escapar del laberinto
y extendió furibunda sus confines
tragándose montañas, bosques, ríos.


Al monstruo le han crecido mil cabezas
y estómagos sin fondo, reversibles,
sin principio ni fin, trituradoras
de mierdas y otros lodos comestibles.


Superó a la langosta en su infinita
voracidad de plaga de diseño
que, infiltrada en las venas de las cosas,
corrompe las cosechas y los sueños.


Voy como un pez en una hormigonera
intentando escapar del remolino,
ni mis mejores trucos de escapista
consiguen desprenderme los precintos.


La ciudad me supera. No se adaptan
a su entorno mis genes cavernarios.
No sé evolucionar ni asilvestrarme
en la jungla incivil, civilizado.


Mi miedo es un resorte, se dispara
cuando siento temblar la polvareda
de la ciudad que avanza, y como Atila
no va a dejarme piedra sobre piedra.


La estoy viendo llegar, es la avalancha
que se traga el paisaje en un momento,
pesada indigestión planificada
de parcelas, de cables, de cemento.


Temblad conmigo fuentes, aves, ríos,
bosques, lobos, gacelas, mares, montes.
Llorad porque no habrá quien nos defienda
del común enemigo. ¡Llega el hombre!


 
Última edición:
Hola,
Es la primera vez que te leo
dejas frases interesantes
retratando ese avance
hacia la civilización.
Saludos y estrellas
¡SONRIE!
 
Amigo Vicente, gracias por tu presencia en mi verso
y por tu amable comentario.

Reyes


 
Hermoso poema que protege cuevas, cavernas y supervivencias ReyesFP !!!!
Versos delicados como pinturas rupestres dibujando universos que dejaron de ser.
Me ha encantado

Un placer leerte POETA

"Los aullidos allí fueron palabra,
voz y nombre en las cosas aprendidas.
Dijimos hoja, rama y después árbol.
Gritamos tierra, madre, y antes ¡vida!"


Un abrazo

 
DE LA CUEVA A LA CIUDAD



La cueva fue el pasado, la guarida,
el refugio antitodo, la caverna
del hombre, en sus albores, primitivo,
su escondite, su hogar, su madriguera.


La cueva fue el presente, la distancia
que puso al hombre a salvo de las fieras,
la defensa pasiva ante el acoso
de lluvias, vientos, rayos y tormentas.


Llegó a ser el futuro, la esperanza,
cuando las garras fueron solo manos,
donde las fauces fueron solo bocas.
Brazos, manos y bocas, beso, abrazo.


Los aullidos allí fueron palabra,
voz y nombre en las cosas aprendidas.
Dijimos hoja, rama y después árbol.
Gritamos tierra, madre, y antes ¡vida!


La cueva concitó en sus medias luces
los encuentros de miedos compartidos.
Los apremios del sexo, sus urgencias,
las primeras caricias y los hijos.


La cueva ha perpetuado desde siempre
la virtud paridora de la tierra,
su vientre universal, reproductivo,
que dio a luz flores, frutos, hombres, hembras.


La cueva fue la pausa necesaria
para hilvanar heridas y estrategias,
porque sobrevivir era pregunta
inoportuna y siempre sin respuesta.


En la cueva he pasado tantos siglos
que el musgo se ha enraizado en mis entrañas,
dibujando venados y bisontes
en praderas de roca milenarias.


El progreso marcó las diferencias.
Saltamos de la cueva a la cabaña,
del castro, de la aldea, del castillo
a la ciudad soberbia amurallada.


Y un día la ciudad fue como un monstruo
que consiguió escapar del laberinto
y extendió furibunda sus confines
tragándose montañas, bosques, ríos.


Al monstruo le han crecido mil cabezas
y estómagos sin fondo, reversibles,
sin principio ni fin, trituradoras
de mierdas y otros lodos comestibles.


Superó a la langosta en su infinita
voracidad de plaga de diseño
que, infiltrada en las venas de las cosas,
corrompe las cosechas y los sueños.


Voy como un pez en una hormigonera
intentando escapar del remolino,
ni mis mejores trucos de escapista
consiguen desprenderme los precintos.


La ciudad me supera. No se adaptan
a su entorno mis genes cavernarios.
No sé evolucionar ni asilvestrarme
en la jungla incivil, civilizado.


Mi miedo es un resorte, se dispara
cuando siento temblar la polvareda
de la ciudad que avanza, y como Atila
no va a dejarme piedra sobre piedra.


La estoy viendo llegar, es la avalancha
que se traga el paisaje en un momento,
pesada indigestión planificada
de parcelas, de cables, de cemento.


Temblad conmigo fuentes, aves, ríos,
bosques, lobos, gacelas, mares, montes.
Llorad porque no habrá quien nos defienda
del común enemigo. ¡Llega el hombre!






Reyes
hermosos versos los que nos compartes en esta entrega
reflexivos y profundos.
Creo que llevamos la cueva dentro, a veces se llama silencio,
a veces soledad, otras la nombro: cenizas, pero creo que es
ese refugio necesario al que el hombre siempre recurre, ya no
físicamente pero si emocional y psicológica mente, porque es necesario.
Las ciudades avanzan, crecen como murallas, ascienden
y quizás es por eso que sentimos peligrar esa intimidad que nos
brinda la cueva...
Mis estrellas y un saludo cordial
Ana
 
lluvia de enero,

Muchas gracias por tu cariñosa acogida a mis primeras intervenciones en este foro.

Me quedo meditando sobre si mi lenguaje puede ser más sencillo, porque siempre he intentado huir del lenguaje rebuscado y procuro defenderme con el léxico habitual en mi entorno.

Gracias también por tu simbólico beso. Se corresponde.

Reyes
 
Gracias, mujerbonita, por el tiempo e interés que me has dedicado
y por el amable comentario que me dejas.

Confío en que sigamos encontrándonos, cerca de la poesía compartida.

Reyes

 
El placer para mí, Miachael, que recién entrado en este foro
no dejo de sorprenderme por la cálida acogida.

Gracias por leerme.
 

Hola ReyesFP :

Un reflexivo poema, que nos invita a cavilar sobre
el costo de la civilización, y del daño que le hacemos
a natura, cuando queremos convertir las ciudad, en algo
que no deben ser, y como ejemplo, ahí está la ciudad de México.
Un gusto navegar de nuevo por el mar de tus versos.
Saludos cordiales.

El Armador de Sonetos
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DE LA CUEVA A LA CIUDAD



La cueva fue el pasado, la guarida,
el refugio antitodo, la caverna
del hombre, en sus albores, primitivo,
su escondite, su hogar, su madriguera.


La cueva fue el presente, la distancia
que puso al hombre a salvo de las fieras,
la defensa pasiva ante el acoso
de lluvias, vientos, rayos y tormentas.


Llegó a ser el futuro, la esperanza,
cuando las garras fueron solo manos,
donde las fauces fueron solo bocas.
Brazos, manos y bocas, beso, abrazo.


Los aullidos allí fueron palabra,
voz y nombre en las cosas aprendidas.
Dijimos hoja, rama y después árbol.
Gritamos tierra, madre, y antes ¡vida!


La cueva concitó en sus medias luces
los encuentros de miedos compartidos.
Los apremios del sexo, sus urgencias,
las primeras caricias y los hijos.


La cueva ha perpetuado desde siempre
la virtud paridora de la tierra,
su vientre universal, reproductivo,
que dio a luz flores, frutos, hombres, hembras.


La cueva fue la pausa necesaria
para hilvanar heridas y estrategias,
porque sobrevivir era pregunta
inoportuna y siempre sin respuesta.


En la cueva he pasado tantos siglos
que el musgo se ha enraizado en mis entrañas,
dibujando venados y bisontes
en praderas de roca milenarias.


El progreso marcó las diferencias.
Saltamos de la cueva a la cabaña,
del castro, de la aldea, del castillo
a la ciudad soberbia amurallada.


Y un día la ciudad fue como un monstruo
que consiguió escapar del laberinto
y extendió furibunda sus confines
tragándose montañas, bosques, ríos.


Al monstruo le han crecido mil cabezas
y estómagos sin fondo, reversibles,
sin principio ni fin, trituradoras
de mierdas y otros lodos comestibles.


Superó a la langosta en su infinita
voracidad de plaga de diseño
que, infiltrada en las venas de las cosas,
corrompe las cosechas y los sueños.


Voy como un pez en una hormigonera
intentando escapar del remolino,
ni mis mejores trucos de escapista
consiguen desprenderme los precintos.


La ciudad me supera. No se adaptan
a su entorno mis genes cavernarios.
No sé evolucionar ni asilvestrarme
en la jungla incivil, civilizado.


Mi miedo es un resorte, se dispara
cuando siento temblar la polvareda
de la ciudad que avanza, y como Atila
no va a dejarme piedra sobre piedra.


La estoy viendo llegar, es la avalancha
que se traga el paisaje en un momento,
pesada indigestión planificada
de parcelas, de cables, de cemento.


Temblad conmigo fuentes, aves, ríos,
bosques, lobos, gacelas, mares, montes.
Llorad porque no habrá quien nos defienda
del común enemigo. ¡Llega el hombre!





el modernismo nos ha sobrepasado, y muchas de las cosas de antes solo son anoranza!!!!
rodeados al fuego, comer y repartir de lo que comiamos, convivir, servir, pero muy lejos quedo eso!!
ahora estamos rodeados de adelantos tecnologicos, y aun asi se extrana las vivencias de antes,
saludos y mis carinos por siempre
 
Última edición:

Gracias, Guadalupe, por tu amable comentario y por ser la primera persona de este foro en brindarme tu amistad.

Nos vemos cualquier tarde a la sombra de un poema.

Que mi abrazo llegue hasta tu mundo irregular.
 
Excelente poema mi estimado poeta Reyes. Tus versos son pura música y esconden una gran verdad, la de que el hombre que vive en la inhospitalaria ciudad si pudiese volvería a la tranquilidad del campo. Un abrazo, amigo y mis felicitaciones por tu exquisita manera de escribir.
 

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