Andeco
Poeta recién llegado
Para Nadia
¿Qué busca el triste al interior de su palma abierta?
Cuando lloras, insustancial lamento, derramas arena,
un desierto de pena
y gutural argumento de arcilla que seca.
La tristeza deshidrata la espina,
por eso con sus manos se cubrió la cara
la que llorándolo todo se quedó sin nada.
Criminalmente, sobre ésta roca levantaré mi amnesia;
quien marcha sobre penas procurará siempre ignorar la espera
porque cada lágrima, nutre un metafísico reloj de arena.
Día de lágrimas: erosión de caras y de manos amplias que las abarcan.
Pero hoy las lagrimas no son más las que emanan,
solo la sangre se derrama, solo ella se encharca,
quizá por ello elegiste la primera bala,
pero, que hay de la segunda:
la llamaría redundancia que mata pero no me atrevo,
tu puerta siempre estuvo cerrada.
Nadia, nadie, nada hoy en tu cara.
Lluévenos desde tu canción desesperada y desde aquel descanso en voz alta.
Cuando lloras, insustancial lamento, derramas arena,
un desierto de pena
y gutural argumento de arcilla que seca.
La tristeza deshidrata la espina,
por eso con sus manos se cubrió la cara
la que llorándolo todo se quedó sin nada.
Criminalmente, sobre ésta roca levantaré mi amnesia;
quien marcha sobre penas procurará siempre ignorar la espera
porque cada lágrima, nutre un metafísico reloj de arena.
Día de lágrimas: erosión de caras y de manos amplias que las abarcan.
Pero hoy las lagrimas no son más las que emanan,
solo la sangre se derrama, solo ella se encharca,
quizá por ello elegiste la primera bala,
pero, que hay de la segunda:
la llamaría redundancia que mata pero no me atrevo,
tu puerta siempre estuvo cerrada.
Nadia, nadie, nada hoy en tu cara.
Lluévenos desde tu canción desesperada y desde aquel descanso en voz alta.