jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
morir, nos morimos todos
de cáncer, de viejos, de un puto virus
de rompimiento del récord mundial de más eyaculaciones en 24 horas
de envenenamiento por plutonio, de emperrarse en volver a casa conduciendo
el puto coche en estado de ebriedad
y terminar estampados contra un muro de concreto
para morir he nacido, dijo el poeta tiempo ha
y desde que el mundo es mundo cada hombre que irrumpió a la vida
al final hubo siempre de morder el polvo
y coger boleto de regreso a la dimensión desconocida
-tarde o temprano, más o menos hecho el ánimo
dejando tras de sí en el mejor de los casos
un par de sinfonías, un jodido libro, algún teorema matemático
(aunque la mayoría solo deja un buen montón de mierda)-
morir ocurre todo el tiempo
a todas horas y en cualquier circunstancia
no importa quién seas, a qué te dediques
si conduces un ferrari, si tu abuela es la emperatriz de katmandú
si andas con catarro, si es el día de tu boda
si te pellizcaste un huevo con el zipper del pantalón
si llueve a cántaros y es lunes y tienes resaca
si estás a media paja mirando a mia kalifa
metiéndose en la boca diez kilos de verga
o acabas de ganarte los 100 millones de la lotería de texas
de pronto -como ocurren los temblores
o se enciende la llama del amor entre dos desconocidos-
puede que una vena te haga plop en lo profundo del cerebro
o que quizá resbales en el baño y al caer te rompas
la base del cuello en el filo de la bañera
o puede también que en mitad de la noche
te saque intempestivamente de un profundo sueño
la ola gigantesca de un tsunami bajo la cual ha quedado ya sumergida
la ciudad en que vives; o
que el jet de 40 millones en que viajas
a pasar las vacaciones en tu isla privada en las seychelles
sea alcanzado por un rayo y se desplome
en algún punto del atlántico contigo y la tripulación y tu preciosa novia
de 18 años recientemente nombrada miss escandinavia 2020
dejó escrito el gran filósofo austrohúngaro friedrich schopenhauser
que estar muerto era cien por ciento preferible
a la gran putada que resulta estar vivo
y que la mejor decisión que podía tomar un feto
era renunciar a salir del vientre de su madre
y ahorrarse así con ello
80 años de tragar mierda
-eso sí, el puto schopenhauser vivió 103 años y murió mientras dormía-
axiomas que nadie en su sano juicio intentaría rebatir
-en el fondo todos sabemos que la vida es una mierda-
y cuya esencia nihilista, sin embargo
parece chocar diametralmente y no encontrar correspondencia
con el inextinguible e inexplicable amor a la vida
observable en la generalidad de las criaturas que pueblan la tierra
-y es que, quitando unos pocos ayatolas con fiebre cerebral
algunos ancianos que la vida ya les dio bastante por el culo
y uno que otro teenager americano psicópata animado por sueños de exterminio
la mayoría de nosotros -incluso si la vida que llevamos
consiste en una mezcla de 20% de enfermedad y decepción
60% de tener que aguantar la hijoputez de las mujeres y
un jodido 20% de largas y solitarias madrugadas sacudiéndonos la verga-
nos aferramos a ella -a la vida, no a la verga-
con uñas y dientes y todas nuestras fuerzas-
un caso aparte son los poetas
no en el sentido de que sean refractarios al encanto agridulce de la vida
-todos ellos son unos hedonistas irredentos
practicantes de todos los vicios y perversiones imaginables-
sino porque tanto como se atiborran de todo cuanto pueda procurarles
una mínima dosis de placer
en la misma medida no dejan pasar una sola puta oportunidad
para hacer del conocimiento de todo aquel que quiera oírlos
lo difícil que resulta, cuando uno tuvo la desgracia de haber nacido poeta
lograr abrirse camino a través de la inhóspita selva de la vida
y no acabar sucumbiendo, a las primeras de cambio
a la morbosa atracción de la huida por la puerta falsa
y alejarse, sin mirar atrás, de este jodido valle de lágrimas
donde cada cosa que les pasa a estos frágiles especímenes, cada pequeña pendejada
de las miles de pendejadas en que consiste la vida
les termina causando, según parece ser
dada su naturaleza altamente sensible y delicada
un dolor equivalente a una puñalada en el corazón
una tortura equiparable a ser quemado vivo
una agonía infinita que ni el puto jesucristo en la cruz llegó a padecer
de vez en cuando, para ser justos
alguno de los millones de hijos de puta perteneciente al susodicho gremio
cumple lo que promete y consecuentemente va y se cuelga del techo
o se tira de una azotea o se atraviesa al paso del tren
o coge una pistola y se mete un plomazo en la cabeza
o conecta una manguera entre el interior de su coche y el tubo de escape
y se pone a esperar la muerte sentado tranquilamente ante el volante
la inmensa mayoría, sin embargo
a pesar de andar por ahí a todas horas con el corazón roto
el alma destrozada, las entrañas en carne viva
el puto hígado disuelto en alcohol por ahogamiento excesivo de penas varias
las alas rajadas por caída brutal desde la cúspide del éxtasis hasta el fondo
del precipicio del desamor
los pulmones colapsados por inmersión completa en el mar de la pasión
el pecho invadido por el cáncer del desengaño
y en estado comatoso por la ausencia de los besos
de determinada furcia arrabalera que de pronto decidió
ya no soltarles el queso si antes no pagaban la tarifa mínima
la inmensa mayoría de estos fantoches, digo
no obstante su perpetuo debatirse entre la vida y la muerte
y haber exhalado ya una larga serie de últimos suspiros
consiguen resurgir cada día desde el más extremo desahuciamiento
y renacer incólumes y sobrenaturales para ofrecerle a sus afortunados contemporáneos
la más reciente de sus geniales creaciones poéticas
otro más de los cientos de maravillosos poemas que, por muy pelona que se la anden viendo
ellos se han dado maña para ir perpetrando entre muerte y muerte
y en cuyas líneas tienen por costumbre, generalmente
ponerse a dar la puta matraca con los pormenores de
la enorme tragedia que a últimas fechas
ha sacudido su vida y los tiene ya cerca de volver a tirar la toalla:
quizás la muerte de su mascota preferida, por ejemplo
(y cómo no se iba a morir, si el puto dueño la tenía sin tragar)
quizás la cancelación de su crédito en la cantina de la esquina
(donde el poeta acumula ya una deuda de 8 mil pesos)
quizás la negativa de la madre del poeta a seguir pasándole una asignación para gastos
(el hijo de la chingada ya tiene 45 tacos y todavía no encuentra un trabajo digno de su categoría)
quizás, en fin, el definitivo abandono de que ha sido objeto nuestro héroe
por parte de su jovencísima y sensual amante harta ya de que le vieran la cara
(ella apenas acaba de enterarse que el poeta tiene 5 hijos
y vive con ellos y con su mujer todos hechos bola en casa de su madre)
ha caído el crepúsculo y se acerca la hora de abordar
en un navío llamado "indiferencia"; en él partiré hacia el olvido
y surcaré mares lejanos hasta fundirme en el horizonte
llevando conmigo la tristeza y la pesadumbre
de no haber sido jamás amado, de tu cruel desprecio
oh, aurora de mi alma, la única mujer que amé
le escribe el agonizante poeta a su bellísima y joven amante
-con el corazón ya entrado practicamente en fase de choque ventricular agudo-
mientras se chinga un litro de tequila en compañía de una de las furcias del tijuana
y siente clavarse lentamente en su pecho el puñal del desconsuelo
y percibe cómo recorre sus venas el acre veneno de la traición
y la forma en que le atenazan el cuello, obstruyéndole el paso de aire
las garras de la furia autodestructiva; y en esa condiciones tan cabronas, desde luego
ni cuándo chingados se iba a acordar
que la plata del tequila y de la furcia y de las canciones que pone en la rocola porque son
las que le gustaba oír a su pérfido amor perdido para siempre
la plata se suponía que la emplearía en comprar comida para su mujer y sus cinco hijos
que llevan ya toda la puta semana sobreviviendo a base de pan y agua
ahora buscaré la muerte dondequiera que vaya
y entre sus brazos no conoceré la ausencia ni el dolor ni la soledad
y será mi refugio perfecto, la coraza de acero
que no atravesarán jamás las espinas de la vida
lo que no conocerán nunca, estos hijos de la chingada, es la puta vergüenza
.
de cáncer, de viejos, de un puto virus
de rompimiento del récord mundial de más eyaculaciones en 24 horas
de envenenamiento por plutonio, de emperrarse en volver a casa conduciendo
el puto coche en estado de ebriedad
y terminar estampados contra un muro de concreto
para morir he nacido, dijo el poeta tiempo ha
y desde que el mundo es mundo cada hombre que irrumpió a la vida
al final hubo siempre de morder el polvo
y coger boleto de regreso a la dimensión desconocida
-tarde o temprano, más o menos hecho el ánimo
dejando tras de sí en el mejor de los casos
un par de sinfonías, un jodido libro, algún teorema matemático
(aunque la mayoría solo deja un buen montón de mierda)-
morir ocurre todo el tiempo
a todas horas y en cualquier circunstancia
no importa quién seas, a qué te dediques
si conduces un ferrari, si tu abuela es la emperatriz de katmandú
si andas con catarro, si es el día de tu boda
si te pellizcaste un huevo con el zipper del pantalón
si llueve a cántaros y es lunes y tienes resaca
si estás a media paja mirando a mia kalifa
metiéndose en la boca diez kilos de verga
o acabas de ganarte los 100 millones de la lotería de texas
de pronto -como ocurren los temblores
o se enciende la llama del amor entre dos desconocidos-
puede que una vena te haga plop en lo profundo del cerebro
o que quizá resbales en el baño y al caer te rompas
la base del cuello en el filo de la bañera
o puede también que en mitad de la noche
te saque intempestivamente de un profundo sueño
la ola gigantesca de un tsunami bajo la cual ha quedado ya sumergida
la ciudad en que vives; o
que el jet de 40 millones en que viajas
a pasar las vacaciones en tu isla privada en las seychelles
sea alcanzado por un rayo y se desplome
en algún punto del atlántico contigo y la tripulación y tu preciosa novia
de 18 años recientemente nombrada miss escandinavia 2020
dejó escrito el gran filósofo austrohúngaro friedrich schopenhauser
que estar muerto era cien por ciento preferible
a la gran putada que resulta estar vivo
y que la mejor decisión que podía tomar un feto
era renunciar a salir del vientre de su madre
y ahorrarse así con ello
80 años de tragar mierda
-eso sí, el puto schopenhauser vivió 103 años y murió mientras dormía-
axiomas que nadie en su sano juicio intentaría rebatir
-en el fondo todos sabemos que la vida es una mierda-
y cuya esencia nihilista, sin embargo
parece chocar diametralmente y no encontrar correspondencia
con el inextinguible e inexplicable amor a la vida
observable en la generalidad de las criaturas que pueblan la tierra
-y es que, quitando unos pocos ayatolas con fiebre cerebral
algunos ancianos que la vida ya les dio bastante por el culo
y uno que otro teenager americano psicópata animado por sueños de exterminio
la mayoría de nosotros -incluso si la vida que llevamos
consiste en una mezcla de 20% de enfermedad y decepción
60% de tener que aguantar la hijoputez de las mujeres y
un jodido 20% de largas y solitarias madrugadas sacudiéndonos la verga-
nos aferramos a ella -a la vida, no a la verga-
con uñas y dientes y todas nuestras fuerzas-
un caso aparte son los poetas
no en el sentido de que sean refractarios al encanto agridulce de la vida
-todos ellos son unos hedonistas irredentos
practicantes de todos los vicios y perversiones imaginables-
sino porque tanto como se atiborran de todo cuanto pueda procurarles
una mínima dosis de placer
en la misma medida no dejan pasar una sola puta oportunidad
para hacer del conocimiento de todo aquel que quiera oírlos
lo difícil que resulta, cuando uno tuvo la desgracia de haber nacido poeta
lograr abrirse camino a través de la inhóspita selva de la vida
y no acabar sucumbiendo, a las primeras de cambio
a la morbosa atracción de la huida por la puerta falsa
y alejarse, sin mirar atrás, de este jodido valle de lágrimas
donde cada cosa que les pasa a estos frágiles especímenes, cada pequeña pendejada
de las miles de pendejadas en que consiste la vida
les termina causando, según parece ser
dada su naturaleza altamente sensible y delicada
un dolor equivalente a una puñalada en el corazón
una tortura equiparable a ser quemado vivo
una agonía infinita que ni el puto jesucristo en la cruz llegó a padecer
de vez en cuando, para ser justos
alguno de los millones de hijos de puta perteneciente al susodicho gremio
cumple lo que promete y consecuentemente va y se cuelga del techo
o se tira de una azotea o se atraviesa al paso del tren
o coge una pistola y se mete un plomazo en la cabeza
o conecta una manguera entre el interior de su coche y el tubo de escape
y se pone a esperar la muerte sentado tranquilamente ante el volante
la inmensa mayoría, sin embargo
a pesar de andar por ahí a todas horas con el corazón roto
el alma destrozada, las entrañas en carne viva
el puto hígado disuelto en alcohol por ahogamiento excesivo de penas varias
las alas rajadas por caída brutal desde la cúspide del éxtasis hasta el fondo
del precipicio del desamor
los pulmones colapsados por inmersión completa en el mar de la pasión
el pecho invadido por el cáncer del desengaño
y en estado comatoso por la ausencia de los besos
de determinada furcia arrabalera que de pronto decidió
ya no soltarles el queso si antes no pagaban la tarifa mínima
la inmensa mayoría de estos fantoches, digo
no obstante su perpetuo debatirse entre la vida y la muerte
y haber exhalado ya una larga serie de últimos suspiros
consiguen resurgir cada día desde el más extremo desahuciamiento
y renacer incólumes y sobrenaturales para ofrecerle a sus afortunados contemporáneos
la más reciente de sus geniales creaciones poéticas
otro más de los cientos de maravillosos poemas que, por muy pelona que se la anden viendo
ellos se han dado maña para ir perpetrando entre muerte y muerte
y en cuyas líneas tienen por costumbre, generalmente
ponerse a dar la puta matraca con los pormenores de
la enorme tragedia que a últimas fechas
ha sacudido su vida y los tiene ya cerca de volver a tirar la toalla:
quizás la muerte de su mascota preferida, por ejemplo
(y cómo no se iba a morir, si el puto dueño la tenía sin tragar)
quizás la cancelación de su crédito en la cantina de la esquina
(donde el poeta acumula ya una deuda de 8 mil pesos)
quizás la negativa de la madre del poeta a seguir pasándole una asignación para gastos
(el hijo de la chingada ya tiene 45 tacos y todavía no encuentra un trabajo digno de su categoría)
quizás, en fin, el definitivo abandono de que ha sido objeto nuestro héroe
por parte de su jovencísima y sensual amante harta ya de que le vieran la cara
(ella apenas acaba de enterarse que el poeta tiene 5 hijos
y vive con ellos y con su mujer todos hechos bola en casa de su madre)
ha caído el crepúsculo y se acerca la hora de abordar
en un navío llamado "indiferencia"; en él partiré hacia el olvido
y surcaré mares lejanos hasta fundirme en el horizonte
llevando conmigo la tristeza y la pesadumbre
de no haber sido jamás amado, de tu cruel desprecio
oh, aurora de mi alma, la única mujer que amé
le escribe el agonizante poeta a su bellísima y joven amante
-con el corazón ya entrado practicamente en fase de choque ventricular agudo-
mientras se chinga un litro de tequila en compañía de una de las furcias del tijuana
y siente clavarse lentamente en su pecho el puñal del desconsuelo
y percibe cómo recorre sus venas el acre veneno de la traición
y la forma en que le atenazan el cuello, obstruyéndole el paso de aire
las garras de la furia autodestructiva; y en esa condiciones tan cabronas, desde luego
ni cuándo chingados se iba a acordar
que la plata del tequila y de la furcia y de las canciones que pone en la rocola porque son
las que le gustaba oír a su pérfido amor perdido para siempre
la plata se suponía que la emplearía en comprar comida para su mujer y sus cinco hijos
que llevan ya toda la puta semana sobreviviendo a base de pan y agua
ahora buscaré la muerte dondequiera que vaya
y entre sus brazos no conoceré la ausencia ni el dolor ni la soledad
y será mi refugio perfecto, la coraza de acero
que no atravesarán jamás las espinas de la vida
lo que no conocerán nunca, estos hijos de la chingada, es la puta vergüenza
.