Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Como un puño,
eso dicen que son,
corazones de amor,
corazones de dolor,
corazones en caliente, que laten con la fuerza de mil universos cuando aman,
helados cuando vigilan al enemigo,
pero mejor verlo al lado de uno, como amigo,
como el trigo que juega cuando el viento sopla,
cuando se ven los corazones a lo lejos,
a lo cerca,
cuando de cerca son puro sentimiento, eso que nadie puede vivir durante el día,
por razones de tráfico, trabajo, ruido, dinero y todo eso que no vale pero que nos dirige,
y corazones estallan desde lejos al romperse cuando no regresan los sentimientos,
o llegan tarde,
o llegan demasiado pronto antes que ellas se den cuenta,
antes que la desolación toque puertas en destrucción,
cuando poetas y poetisas esparcen y siembran poesía para que los incautos miren,
vean, sientan, coman, entiendan de una vez por todas,
en el contenido de las sombras,
los abrazos y besos de amantes furtivos, o incluso los permitidos,
aquellos que pareciera que duran fulminantes instantes breves,
pero que son una eternidad para los amantes,
aquellos delirantes,
navegantes del amor sin tregua,
sin armisticio ni pausa, sin término,
o al principio del final pareciera una sinfonía, aquella de caricias,
delicias en aquellos corazones que estallarán tarde o temprano,
vertiendo gotas de amor por todo el mundo que conocen los amantes,
debutantes o profesionales,
eso somos todos, a veces profesionales del amor, del dolor, del ardor, del color,
otras principiantes sujetando los corazones de la amada,
de aquella que nos lleva por los rincones de la luz y las sombras,
aquella por la que una vez quisimos,
y otra vez morimos.
eso dicen que son,
corazones de amor,
corazones de dolor,
corazones en caliente, que laten con la fuerza de mil universos cuando aman,
helados cuando vigilan al enemigo,
pero mejor verlo al lado de uno, como amigo,
como el trigo que juega cuando el viento sopla,
cuando se ven los corazones a lo lejos,
a lo cerca,
cuando de cerca son puro sentimiento, eso que nadie puede vivir durante el día,
por razones de tráfico, trabajo, ruido, dinero y todo eso que no vale pero que nos dirige,
y corazones estallan desde lejos al romperse cuando no regresan los sentimientos,
o llegan tarde,
o llegan demasiado pronto antes que ellas se den cuenta,
antes que la desolación toque puertas en destrucción,
cuando poetas y poetisas esparcen y siembran poesía para que los incautos miren,
vean, sientan, coman, entiendan de una vez por todas,
en el contenido de las sombras,
los abrazos y besos de amantes furtivos, o incluso los permitidos,
aquellos que pareciera que duran fulminantes instantes breves,
pero que son una eternidad para los amantes,
aquellos delirantes,
navegantes del amor sin tregua,
sin armisticio ni pausa, sin término,
o al principio del final pareciera una sinfonía, aquella de caricias,
delicias en aquellos corazones que estallarán tarde o temprano,
vertiendo gotas de amor por todo el mundo que conocen los amantes,
debutantes o profesionales,
eso somos todos, a veces profesionales del amor, del dolor, del ardor, del color,
otras principiantes sujetando los corazones de la amada,
de aquella que nos lleva por los rincones de la luz y las sombras,
aquella por la que una vez quisimos,
y otra vez morimos.