Niebla marina
Poeta recién llegado
Qué sabe usted de lo imposible
ahora que la sueño aún, sin poderla tocar,
mientras mi mente genera libretos
que jamás llegarán a escena:
usted tocando la puerta
de un lugar tan distinto a mi realidad.
Qué diablos sabe usted de lo irrealizable,
princesa, si a cada mañana se aglomeran
en su balcón, un ejército de ángeles,
pidiendo en su plegaria, acariciar sus brazos,
su vientre, y ser tierra en la cual poder
descansar en paz.
Qué hay de prohibido en su ser,
indiferente al silencio sideral
existente entre esos, sus dos luceros
y este faro en penumbras,
echado a menos al otro lado del mar.
De los sueños no tendría qué pedir,
la importancia apenas si quisiera huir
al delirio, antena que atrae mareas
a mi cabeza, central de difusas ideas
Qué tan difícil podría ser pedirle, niña,
que dejara abierta el alma y lanzara a un panteón
las llaves, para usted, para mí;
apostar esta vez a nada, no pensar usted
en nada, no imaginar ya después nada.
Y tal vez, después, desaparecer, para aparecer
yo.
ahora que la sueño aún, sin poderla tocar,
mientras mi mente genera libretos
que jamás llegarán a escena:
usted tocando la puerta
de un lugar tan distinto a mi realidad.
Qué diablos sabe usted de lo irrealizable,
princesa, si a cada mañana se aglomeran
en su balcón, un ejército de ángeles,
pidiendo en su plegaria, acariciar sus brazos,
su vientre, y ser tierra en la cual poder
descansar en paz.
Qué hay de prohibido en su ser,
indiferente al silencio sideral
existente entre esos, sus dos luceros
y este faro en penumbras,
echado a menos al otro lado del mar.
De los sueños no tendría qué pedir,
la importancia apenas si quisiera huir
al delirio, antena que atrae mareas
a mi cabeza, central de difusas ideas
Qué tan difícil podría ser pedirle, niña,
que dejara abierta el alma y lanzara a un panteón
las llaves, para usted, para mí;
apostar esta vez a nada, no pensar usted
en nada, no imaginar ya después nada.
Y tal vez, después, desaparecer, para aparecer
yo.