Megara900
Poeta que considera el portal su segunda casa
No olvidaré ese dieciséis de septiembre:
las luces en el parque, las hojas de colores.
(allí, bajo la sombra de lo muerto te quise).
Tú decías que la soledad
era el trago amargo en que nos construimos solos
en largas horas de silencio y de muerte acumulada en los labios
(esos labios que tan bien conocieron la espera).
A veces amor, ya no sé decirte cuánto me faltas
cuando despierto en soledades,
aún atado a las sombras
con el corazón que ha soñado
otra vez en distancias.
Te busco entre los árboles pues su voz es la heredad
de las nubes, el pulso inagotable de las estrellas.
Ellos son la memoria del amor, y nos conocen más
más que nosotros mismos.
Sucedes tanto a mis anhelos
como un impulso inesperado de tristeza.
Y permaneces allí, en el instante final
en que en mis sueños llueve.
Amor, hace tiempo, nuestro sueño
nuestro corazón, murió.
las luces en el parque, las hojas de colores.
(allí, bajo la sombra de lo muerto te quise).
Tú decías que la soledad
era el trago amargo en que nos construimos solos
en largas horas de silencio y de muerte acumulada en los labios
(esos labios que tan bien conocieron la espera).
A veces amor, ya no sé decirte cuánto me faltas
cuando despierto en soledades,
aún atado a las sombras
con el corazón que ha soñado
otra vez en distancias.
Te busco entre los árboles pues su voz es la heredad
de las nubes, el pulso inagotable de las estrellas.
Ellos son la memoria del amor, y nos conocen más
más que nosotros mismos.
Sucedes tanto a mis anhelos
como un impulso inesperado de tristeza.
Y permaneces allí, en el instante final
en que en mis sueños llueve.
Amor, hace tiempo, nuestro sueño
nuestro corazón, murió.
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