dragon_ecu
Esporádico permanente
Desde el principio de la historia han surgido personajes cuyas habilidades con el idioma les han permitido desarrollar un medio de vida, y no me refiero a los traductores.
El manejo del lenguaje otorga una herramienta poderosa para crear imaginarios, escenarios utópicos donde todo funciona de acuerdo a lo planeado.
Como escritores tenemos las habilidades para subvertir la realidad, trastocar el orden y hasta devolver la virginal inocencia.
Si a esto se agregan el carisma, el histrionismo y los "followers", tenemos una combinación de elevado potencial para conducir grupos (y hasta masas).
El riesgo de tener "dirigentes" carentes de valores o principios, conlleva un grupo sacrificable a los intereses de su dirigente.
Sumemos a esto el natural desconocimiento de la profundidad de la propia ignorancia.
La naturaleza humana recurre entonces a la autoafirmación, el autoengaño, la certeza en la voluntad o la suerte o el destino o una deidad. Lo que sea que nos dé una sensación de seguridad.
“Somos todos tan limitados, que creemos siempre tener razón” - Goethe.
Esa persona que le grita al televisor dando instrucciones al entrenador de fútbol o al jugador.
Esa persona que refunfuña al leer el periódico porque si le dejaran al mando del país resolvería ese asunto (cualquiera que sea) en un santiamén.
El iracundo que hoy es experto en economía, la siguiente semana en educación y el otro mes en epidemiología y así en diferentes ámbitos.
En cada ocasión aportan solo su opinión y su impronta personal. No hay respaldos.
Lo extraño en la política es que a menudo se sigue a los que presentan seguridad, aunque no sepan nada.
Esto viene de la mano del efecto Dunning Kruger.
Así pues tenemos a charlatanes dirigiendo un barco a ciegas.
Pero desde la ilustración el conocimiento fue poco a poco llegando con mayor facilidad a la población.
Junto a la difusión de conocimiento surgió la difusión de la ignorancia.
Las seudociencias, el misticismo, las exageraciones, las confabulaciones y medias verdades llegan pues a cubrir más espacio que la información real.
Llegó la desinformación. Y no vino sola, sino de la mano de estudiosos del comportamiento, mercadólogos, economistas, econometristas, estadísticos y demás "profesionales" de las ciencias inexactas más orientados a encubrir que a despejar.
En la parte política, inicia la retórica como arma.
Se desarrollaron entonces las falacias.
De allí las descalificaciones de personas o sus acciones o palabras.
Luego los insultos personales, los ataques personales, las amenazas y luego los ataques físicos.
Pero a arma usada a favor se corría el riesgo del arma usada en contra, así que:
Esta es la raíz de la "corrección política". Una fórmula que permitía agredir, y además cortar al contrario las opciones para ser agresor.
Y empezaron a generar modismos para que las minorías no sean agredidas, y por el contrario resulten beneficiadas (con comisiones o manejos de fondos).
La "corrección política" vendió la idea de que eliminar una palabra desaparecía el problema.
Se dejó de decir negro, y se decía afrodescendiente.
Se dejó de decir reo, y se decía privado de libertad.
Acá también reapareció el método de romantizar o dulcificar las cosas para volverlas aceptables.
Ya no eran retrasados sino especiales.
Ya no eran tullido, sino minusválido y luego discapacitado.
Ya no era el fanático que pierde la razón con odio, sino por amor.
Los lenguajes se vieron atacados por miles de sinónimos y nuevas acepciones.
Se llega a la licencia para agredir, y además disponer que el agredido no se pueda defender.
Al llegar más medios de difusión se impulsó un viejo método muy efectivo a nivel personal: la victimización.
De pronto ya no hacía falta amenazar al contrario, bastaba con hacerlo ver como un "agresor".
Aparecieron el "me to", "blm", "enough", "stay woke".
Ya no era necesario acusar a otro, bastaba victimizarse y pedir ayuda (y beneficios) a los demás.
Llegó el "despiertismo", y una nueva arma: la cultura de cancelación.
Si antes se callaba a alguien físicamente, ahora se le podía callar mediáticamente.
Ya no es necesario ser una víctima de agresión física. Basta acusar a otro de agresor y luego pedir que se le cierre el canal mediático.
En todo evento coexisten el miedo a perder, y el ansia por ganar. Pero en el ser humano estas pueden tener una valoración enorme a nivel de pensamiento, y nulas a nivel físico.
El "woke" resulta así un arma de manipulación de sentimientos, y decisiones.
Y bien se sabe que no toda decisión sentimental es lógica, ni correcta.
El manejo del lenguaje otorga una herramienta poderosa para crear imaginarios, escenarios utópicos donde todo funciona de acuerdo a lo planeado.
Como escritores tenemos las habilidades para subvertir la realidad, trastocar el orden y hasta devolver la virginal inocencia.
Si a esto se agregan el carisma, el histrionismo y los "followers", tenemos una combinación de elevado potencial para conducir grupos (y hasta masas).
El riesgo de tener "dirigentes" carentes de valores o principios, conlleva un grupo sacrificable a los intereses de su dirigente.
Sumemos a esto el natural desconocimiento de la profundidad de la propia ignorancia.
La naturaleza humana recurre entonces a la autoafirmación, el autoengaño, la certeza en la voluntad o la suerte o el destino o una deidad. Lo que sea que nos dé una sensación de seguridad.
“Somos todos tan limitados, que creemos siempre tener razón” - Goethe.
Esa persona que le grita al televisor dando instrucciones al entrenador de fútbol o al jugador.
Esa persona que refunfuña al leer el periódico porque si le dejaran al mando del país resolvería ese asunto (cualquiera que sea) en un santiamén.
El iracundo que hoy es experto en economía, la siguiente semana en educación y el otro mes en epidemiología y así en diferentes ámbitos.
En cada ocasión aportan solo su opinión y su impronta personal. No hay respaldos.
Lo extraño en la política es que a menudo se sigue a los que presentan seguridad, aunque no sepan nada.
Esto viene de la mano del efecto Dunning Kruger.
Así pues tenemos a charlatanes dirigiendo un barco a ciegas.
Pero desde la ilustración el conocimiento fue poco a poco llegando con mayor facilidad a la población.
Junto a la difusión de conocimiento surgió la difusión de la ignorancia.
Las seudociencias, el misticismo, las exageraciones, las confabulaciones y medias verdades llegan pues a cubrir más espacio que la información real.
Llegó la desinformación. Y no vino sola, sino de la mano de estudiosos del comportamiento, mercadólogos, economistas, econometristas, estadísticos y demás "profesionales" de las ciencias inexactas más orientados a encubrir que a despejar.
En la parte política, inicia la retórica como arma.
Se desarrollaron entonces las falacias.
De allí las descalificaciones de personas o sus acciones o palabras.
Luego los insultos personales, los ataques personales, las amenazas y luego los ataques físicos.
Pero a arma usada a favor se corría el riesgo del arma usada en contra, así que:
Esta es la raíz de la "corrección política". Una fórmula que permitía agredir, y además cortar al contrario las opciones para ser agresor.
Y empezaron a generar modismos para que las minorías no sean agredidas, y por el contrario resulten beneficiadas (con comisiones o manejos de fondos).
La "corrección política" vendió la idea de que eliminar una palabra desaparecía el problema.
Se dejó de decir negro, y se decía afrodescendiente.
Se dejó de decir reo, y se decía privado de libertad.
Acá también reapareció el método de romantizar o dulcificar las cosas para volverlas aceptables.
Ya no eran retrasados sino especiales.
Ya no eran tullido, sino minusválido y luego discapacitado.
Ya no era el fanático que pierde la razón con odio, sino por amor.
Los lenguajes se vieron atacados por miles de sinónimos y nuevas acepciones.
Se llega a la licencia para agredir, y además disponer que el agredido no se pueda defender.
Al llegar más medios de difusión se impulsó un viejo método muy efectivo a nivel personal: la victimización.
De pronto ya no hacía falta amenazar al contrario, bastaba con hacerlo ver como un "agresor".
Aparecieron el "me to", "blm", "enough", "stay woke".
Ya no era necesario acusar a otro, bastaba victimizarse y pedir ayuda (y beneficios) a los demás.
Llegó el "despiertismo", y una nueva arma: la cultura de cancelación.
Si antes se callaba a alguien físicamente, ahora se le podía callar mediáticamente.
Ya no es necesario ser una víctima de agresión física. Basta acusar a otro de agresor y luego pedir que se le cierre el canal mediático.
En todo evento coexisten el miedo a perder, y el ansia por ganar. Pero en el ser humano estas pueden tener una valoración enorme a nivel de pensamiento, y nulas a nivel físico.
El "woke" resulta así un arma de manipulación de sentimientos, y decisiones.
Y bien se sabe que no toda decisión sentimental es lógica, ni correcta.
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