Kabuki
Poeta recién llegado
De Luto
El fin del mundo.
Me trago cráneos al palo;
al horno, mi dermis de escorpión.
Soy adepto a la hepatitis,
soy el bajel que encauza el óbolo.
El despunte de la solana.
Sonido de guitarra en un sordo,
bocadillo de calamar
a un afásico. Mujer de lidia,
en el lecho del eunuco.
El estío de góndolas.
Baño negro en corona de espinas.
Bastón zafio de atleta olímpico.
Suicidio de anciano
en el velatorio de su niño.
No puedo decir más,
la madrugada y el madrigal,
ese campesino que carga su epitafio,
aún no clava sus colmillos
y sus punzantes garras,
en mi cuerpo flojo
de cadáver compartido.
Voy a tan solo esperar,
soltando la pala,
y rindiendo la piocha
a sus orígenes teutónicos
y telúricos, para que tú,
antes de la termosfera
y después del subterráneo,
te encuentres navegando,
como Ofelia libre,
por los valles de Malta
y los canales del Volga.
El fin del mundo.
Me trago cráneos al palo;
al horno, mi dermis de escorpión.
Soy adepto a la hepatitis,
soy el bajel que encauza el óbolo.
El despunte de la solana.
Sonido de guitarra en un sordo,
bocadillo de calamar
a un afásico. Mujer de lidia,
en el lecho del eunuco.
El estío de góndolas.
Baño negro en corona de espinas.
Bastón zafio de atleta olímpico.
Suicidio de anciano
en el velatorio de su niño.
No puedo decir más,
la madrugada y el madrigal,
ese campesino que carga su epitafio,
aún no clava sus colmillos
y sus punzantes garras,
en mi cuerpo flojo
de cadáver compartido.
Voy a tan solo esperar,
soltando la pala,
y rindiendo la piocha
a sus orígenes teutónicos
y telúricos, para que tú,
antes de la termosfera
y después del subterráneo,
te encuentres navegando,
como Ofelia libre,
por los valles de Malta
y los canales del Volga.
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