De Madrugada

comepalabras

Poeta recién llegado
Un perro ladra… Es un
ladrido de desesperación,
de soledad. Me despierta.


Ahora no escucho los
brazos del reloj. Estoy dormido.
El perro ladra de nuevo,
¡Silencio!. Grito, solo tenia los
ojos abiertos; el lúgubre techo
que hace de cama y cobija, me lleva
en sus alas… Con ojos abiertos.


Ya despierto, ese perro sigue
con su maléfico canto.
Trato de buscarlo, pero me
detiene la lluvia, aunque no
llueve.
Y una hoja disecada por el tiempo
me dice adiós; da explicación, la rama la
soltó… no necesita ser retenida por el
árbol que se bambolea sobre el viento
y la lluvia. Aunque no llueve.


Aquel compositor que me ha despertado
o ha hecho dormir- aun no lo sé- sigue en concierto.
Ha cesado la lluvia.
Despierto, veo una hoja llevada al caño
por las aguas que no la mojan.


En la frecuencia del radio apagado,
Mozart sigue componiendo… le tiro
un zapato y termina su espectáculo.


Ojos abiertos… ¿Qué día es hoy?
Me pregunta el hombre del espejo.
Comienza de nuevo a llover, mi ventana
esta seca –sé que llueve aunque no he visto el
cadáver de gota alguna-.





Escucho: ¿Qué día es hoy?
¡No lo sé! Respondo, ayer era miércoles, debe
ser la madrigada del jueves.
Mozart recobro aliento. Ahora es él, el que me grita:
¡cállate, no dejas dormir!

El silencio reina de nuevo…

El último tren de la noche, destierra
el silencio.
Con los ojos abiertos…
No hay tiempo en el día que
cubre la noche.

Por fin me acuesto.
Mañana escuchare otra vez el tren.
 

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