Carlos Aguilera Sendagorta
Poeta recién llegado
De madrugada, en el tiempo del silencio
cuando lo oscuro bordea a la luna sola
y las estrellas mueren con sus fríos guiños
es cuando adormece mi quehacer frenético
y despierta el alma asustada y rígida
y a la luz eléctrica despejo de miedos
todas mis visiones, todos mis recuerdos
y escribo de dudas, de sombras y cielos.
De madrugada, cuando en la soledad
del negro horizonte sólo se vislumbran
figuras, siluetas, movidas al viento
y contornos quietos de quietos objetos
y callado intuyes los ruidos más sordos;
cuando andar es lento sino es un tropiezo,
cuando es imposible sin tacto ni tiento
moverte callado sin turbar reposos,
es cuando te siento y cuando te escribo
en un mundo solo, calmo y sigiloso.
En la madrugada cuando estás en calma
y el pecho descansa con latidos quietos
se abre mi alma, el hablar se calla,
se cierra el oído y con cierto esfuerzo
mantengo los ojos mirando hacia dentro
y aprieto los dedos cerrando la palma
que mueve la pluma trazando mis versos.
Y escribo de entonces, y escribo de ahora
y escribo de aquellos que son mis deseos
y pongo en el folio tus calmas, tus besos,
mis prisas, tus rezos, errores, aciertos,
la boca que clama y el llanto que llora.
En la madrugada cuando entre sopores
esfuerzas tu mente tensándote entero
( de pie o sentado o andando callado
las risas, los duelos acuden a verte
que es lo que conviene puesto que no quieres,
que tumbado rindas al sueño tu cuerpo)
a esa hora oyes a quien cuenta amores
o te plañe penas, y si escuchas fino
y recuerdas largo se oyen las risas
se ven los andares, se ven los afanes,
y mirares de ella; y así de las nadas,
tú vas componiendo un largo poema
y en la lenta espera hasta que amanezca
van llegando lentas las palabras nuevas.
En la madrugada, en la fría penumbra
del insomnio torpe el alma contesta
en mi duermevela al verte tumbada:
descansa deprisa
sé feliz en sueños
que aún tendrás sudores que enjugar mañana,
y al día siguiente, y al año y de anciana,
que no han de faltarte fracasos y anhelos,
de aquellos que quieres: tus hijos de ahora,
tus padres de ayer, tus nietos de entonces,
hermanos, amigos, y de este que escribe
que es todo a la vez: tu amigo, tu esposo
tu amante y marido, tu vida en la tierra
tu rezado afán que te siga al cielo,
y hasta que te falte tu fuente de letras
tu proveedor de cartas y coplas en verso
que habrán de rimar con risas y penas,
con ausencia y muerte, con niños y abuelas
y con mis errores y con tus perdones.
.
En la madrugada cuando el alma crea
el silencio llora , y renace lenta
la luz de la aurora que te da en la cara,
surge la alborada, cantan los gorriones
y el alma descansa y tus ojos ven
sin darte de bruces con toda la casa.
En la madrugada, casi en la mañana,.
cuando tú la miras y la ves dormida
tú mismo te dices que basta de velas
y que ya no puedes dejarla más sola.
Y vas en silencio, de punta los pasos,
desnudas tu cuerpo y en callado abrazo
entregas tu espíritu a quien en sus brazos
te ofreció completo su pecho, su seno,
sus manos, su boca
y su vida entera.