Pablo Alvarez
Poeta recién llegado
A un amor que me dejo con los brazos caídos y el sonido del alma silente.
De mí esto una vez.
Miro al cielo, las estrellas
la eternidad que esconde el espacio.
Me recuerda al amor que quise brindarte,
vanamente, no fue más que un desperdicio.
Respiro profundo, busco tu aire.
Aquellos suspiros largos luego de amarte
en noches interminables, recuerdos...
¡Oh recuerdo!, ¿cuando podré yo matarte?
Has de venir a menudo a mi puerta
atosigando ferozmente mí pobre entereza.
No hay defensa alguna para romper tus ataques
ni manera ninguna de evitar mí tristeza.
Miro al cielo, suplico...
A los dioses todos y a Cupido,
que de mí quiten ya tú esencia
y me brinden el milagro del olvido.
Veme aquí hoy, tal cual un perdedor.
Pero, mírame bien, es solo por esta vez.
No recorreré dos veces esta senda
ni en el hoy, ni en el mañana, ni en mi vejez.
Pablo Alvarez
De mí esto una vez.
Miro al cielo, las estrellas
la eternidad que esconde el espacio.
Me recuerda al amor que quise brindarte,
vanamente, no fue más que un desperdicio.
Respiro profundo, busco tu aire.
Aquellos suspiros largos luego de amarte
en noches interminables, recuerdos...
¡Oh recuerdo!, ¿cuando podré yo matarte?
Has de venir a menudo a mi puerta
atosigando ferozmente mí pobre entereza.
No hay defensa alguna para romper tus ataques
ni manera ninguna de evitar mí tristeza.
Miro al cielo, suplico...
A los dioses todos y a Cupido,
que de mí quiten ya tú esencia
y me brinden el milagro del olvido.
Veme aquí hoy, tal cual un perdedor.
Pero, mírame bien, es solo por esta vez.
No recorreré dos veces esta senda
ni en el hoy, ni en el mañana, ni en mi vejez.
Pablo Alvarez
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