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De mirada inmensa

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Madre de tierna mirada,

de inmensa emoción,

movimientos de órbitas
anuncian una vitalidad
ahora palpable,

en el vientre de la suerte,
el amor vence una vez más,

formados de estrellas y fortuna,
de brillantez y sabiduría,

porque la gravedad siempre nos envuelve,

aún en los límites de lo real,
la madurez danza con la consciencia,

buscando una razón
por la cual permanecer,
entre las estelas del anhelo,

madre de existencia divina,
de dominio material,
nutriendo suelo y cielo,
acomodando a los astros,
redireccionando los cauces,
entre ventiscas de grises voces,
las lunas se elevan sin tiempo,
porque ya el lamento ha olvidado su dolor,

las madres curan profundidades obscuras,
destellos que vislumbran cualquier luz,
entre pulmones y corazón,
entre suspiros y letras
que marcan nuestros ojos,

los aullidos que han de necesitar su luz,

como lobo y luna,
como ave y sol,
como tinta y hoja,

contención es un modismo
que no describe su voluntad guerrera,
ni mucho menos el valor de cada beso,

ósculo áureo,
de sacra pulcritud,

tiritan los cimientos de este universo,
de materia de densa espesura,

curvatura de tiempos,

realidades que emergen
como lirios,
como dones crecientes,

ella se alza triunfante,
sobre las mareas del destino,
quedarán sus deseos
postrados en el inmenso firmamento,

creará un nuevo amor,
de irrefutable sabiduría,

así como ha de iluminar la calma,

así como hubo de dar a luz
a nuestro mismo universo.
 
Madre de tierna mirada,

de inmensa emoción,

movimientos de órbitas
anuncian una vitalidad
ahora palpable,

en el vientre de la suerte,
el amor vence una vez más,

formados de estrellas y fortuna,
de brillantez y sabiduría,

porque la gravedad siempre nos envuelve,

aún en los límites de lo real,
la madurez danza con la consciencia,

buscando una razón
por la cual permanecer,
entre las estelas del anhelo,

madre de existencia divina,
de dominio material,
nutriendo suelo y cielo,
acomodando a los astros,
redireccionando los cauces,
entre ventiscas de grises voces,
las lunas se elevan sin tiempo,
porque ya el lamento ha olvidado su dolor,

las madres curan profundidades obscuras,
destellos que vislumbran cualquier luz,
entre pulmones y corazón,
entre suspiros y letras
que marcan nuestros ojos,

los aullidos que han de necesitar su luz,

como lobo y luna,
como ave y sol,
como tinta y hoja,

contención es un modismo
que no describe su voluntad guerrera,
ni mucho menos el valor de cada beso,

ósculo áureo,
de sacra pulcritud,

tiritan los cimientos de este universo,
de materia de densa espesura,

curvatura de tiempos,

realidades que emergen
como lirios,
como dones crecientes,

ella se alza triunfante,
sobre las mareas del destino,
quedarán sus deseos
postrados en el inmenso firmamento,

creará un nuevo amor,
de irrefutable sabiduría,

así como ha de iluminar la calma,

así como hubo de dar a luz
a nuestro mismo universo.
Dulce melodía IgnotaIlusión.

Saludos
 
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