De una noche que pretendía columpiarla
en el parpadeo de los astros
sobre el fondo de lirios negros…
unos versos consentidos,
y otra huella en la memoria de nuestros paseos adorados
La ciudad se extiende por los mantos;
amaneceres de paletas vistosas
y cuadernos esparcidos por alguna revolución onírica de los parques.
Las carteleras de los besos;
labradores de los posos del día;
con todos los arcoíris que enhebraron por sus poros.
Exploradores con los corazones ebrios de sugerencias
y una dama oculta en algún rincón del rocío.
Donde no han dejado de insistirnos las orquestas,
de escarbar por lo más cálido de los bullicios;
de cuajar las ilusiones en sus manos…
de abrir las puertas en los reflejos de las distancias.
De las definiciones trepadoras por los suspiros de esencias…
Seguir colmando con dulzura nuestras copas
y un sentir punzante de las guitarras por el estribor de la voluntad.
Cada avance de honestidad de una fiesta
por lo más melodioso de nuestro juego de paraísos.
en el parpadeo de los astros
sobre el fondo de lirios negros…
unos versos consentidos,
y otra huella en la memoria de nuestros paseos adorados
La ciudad se extiende por los mantos;
amaneceres de paletas vistosas
y cuadernos esparcidos por alguna revolución onírica de los parques.
Las carteleras de los besos;
labradores de los posos del día;
con todos los arcoíris que enhebraron por sus poros.
Exploradores con los corazones ebrios de sugerencias
y una dama oculta en algún rincón del rocío.
Donde no han dejado de insistirnos las orquestas,
de escarbar por lo más cálido de los bullicios;
de cuajar las ilusiones en sus manos…
de abrir las puertas en los reflejos de las distancias.
De las definiciones trepadoras por los suspiros de esencias…
Seguir colmando con dulzura nuestras copas
y un sentir punzante de las guitarras por el estribor de la voluntad.
Cada avance de honestidad de una fiesta
por lo más melodioso de nuestro juego de paraísos.