Cultiva desde el vientre la esperanza
un vínculo de amor a toda prueba,
la fe en aquel poder que sella alianza
y el ciclo de la vida que renueva.
Despiertan los sentidos con la crianza,
la leche es ese sol que el alba eleva
y el instinto equilibra la balanza
con el cuidado propio que conlleva.
Son la piel y los ojos el lenguaje.
Los dedos son la escuela para el gusto
y los primeros pasos un gran viaje.
Una madre es aquel tamaño justo
de pasión, de ternura y de coraje,
en el lazo afectivo más robusto.
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