Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
la muerte...
un nefasto silencio -
sin respirar
sofocando lágrimas
lentamente
y con ojos abiertos...
mirar al vacío
sin oír tu voz
la que nunca escuché...
sin sentir
tu cercanía -
yo
me estoy ahogando...
me llevan las olas...
me matan...
¡oh, dolor...!
me dio el destino
la dosis mortal del amor...
y todavía
tengo esperanza - lucho
contra la marea
para no rendirme al desespero
mientras no te veo...
¡pasión enloquecedora...!
fuerza del sentimiento...
un corazón muerto
teme - y llora
mar sangriento...
ven -
que te vean mis ojos
que los labios pronuncien una vez más
el nombre de luna...
¡tómame cautiva...! ¡soy tuya...!
no me dejes ahora...
no tengo ya
ni orgullo ni prudencia
ni falsos pudores...
sólo cuentas tú -
tu bienestar
tu voluntad
tu sagrada existencia...
me eres medicinal
cura pues esta locura
que de mí se apodera -
con un beso del alma
devuélveme a la vida...
o si me has de matar -
hazlo - pero no así
sin hablar...
¡te quiero...!
¡oh, cómo te quiero...!
¿acaso no lo sabías...?
tú eres mi dueño...
sin ti no hay nada -
me quedo esperando
noche entera y madrugada...
no vienes... ni una palabra
tuya que me es alimento...
muero
sin tus brazos fuertes sobre mi silueta...
sin tu voz desconocida
la que me salva la vida...
sin tu mirada oscura
y prepotente
cuando yo tan pequeña
en tus ojos leo
el amor puro y verdadero...
¡te necesito...!
tú no eres
un hombre cualquiera...
no tienes reemplazo...
¡oh, átame con el inquebrantable lazo
de tu querer...!
sobre mi cuello
deposita las manos...
ponme en mi lugar...
encadenada a tus pies
hazme mujer...
que vengo suplicante
deseosa de agradarte
esclava del amor...
te amo -
¡oh, cómo te amo, hermoso señor...!
y no es posible
que me hayas dejado
aquí sola, sin saber...
sin noticias es estar sin aire -
y morir
viendo por todos lados
el azul de tu nombre...
sé generoso...
tu piedad mendigo -
no te vayas...
¡no te vayas...!
te doy mi vida...
haz lo que quieras con ella -
todo lo que soy te pertenece...
y no hay posible consuelo
mientras tu ser desde lejos yo bendigo
aunque quizás no te merezca -
pero si este es el castigo
por amarte demasiado y de esta forma -
tan sólo te pido
que nunca te vayas...
que vivas alegre -
que no te alcancen tristezas
que no te duela nada
que siempre obtengas
todo lo que sueñes...
te ruego sólo eso -
que seas feliz
dondequiera que estés...
y cuando me extrañes -
regreses a mí
porque ya soy tuya
marcada
por el fuego de las muchas tempestades
que hemos sobrevivido -
cual fierro ardiente
la ausencia
el tiempo
las distancias...
¡te adoro, mi bello señor...!
[12/06/2014]
Última edición: