Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
De pronto te voy teniendo
en todo lo que me pasa,
en el zaguán de mi casa
y en lo que voy comprendiendo;
en el sol que amaneciendo
enciende mi piel entera
cuando asida a mi cadera
tu cadera voy sintiendo.
Y te haces más conocida,
y el aire sabe a tu pecho,
y del todo satisfecho
más me apuro en darte vida.
Luego cuando ya dormida
me hago parte de tu sueño
e inmolado en el empeño,
te venero bendecida.
No tengo más alegría
ni aliento que más me llene
que esperarte cuando vienes
de inventarte un nuevo día,
que ser paz y algarabía
y libre desenterrarme,
que ser tu calor y darme
dándome más todavía.
No quiero crecer gigante
más allá de tu medida,
ni dejarte malherida,
maniatada y suplicante.
Te quiero en mi mismo estante,
volando a mi misma altura
sin temor a la amargura
que amenaza cada instante.
De tus manos femeninas
-paz de mi carne doliente-
nace la luz inocente
que a caricias me germina;
le da a mi piel golosinas
que endulzan la piel y el alma:
tus manos me dan la calma
si la muerte me fulmina.
Tu boca es beso salado
que se convierte en mi beso,
me sabe a sal sus excesos
como mar enamorado;
tu boca da a mi pecado
la redención más completa,
tu boca es principio y meta
del sueño más encarnado.
Y por amor voy contigo
a donde humana me lleves,
bajo la lluvia si llueve
o abriendo en par mis postigos.
Quiero tenerte conmigo
como si Dios tú lo fueras,
desatando primaveras
por si ajado me fustigo.
Y con amor voy gritando
que como tú no hay ninguna,
que eres toda mi fortuna,
que por ti vivo luchando.
Voy rimando, voy rimando
mi existencia con tu acento,
mi fe con tu condimento
para así crecer amando.
en todo lo que me pasa,
en el zaguán de mi casa
y en lo que voy comprendiendo;
en el sol que amaneciendo
enciende mi piel entera
cuando asida a mi cadera
tu cadera voy sintiendo.
Y te haces más conocida,
y el aire sabe a tu pecho,
y del todo satisfecho
más me apuro en darte vida.
Luego cuando ya dormida
me hago parte de tu sueño
e inmolado en el empeño,
te venero bendecida.
No tengo más alegría
ni aliento que más me llene
que esperarte cuando vienes
de inventarte un nuevo día,
que ser paz y algarabía
y libre desenterrarme,
que ser tu calor y darme
dándome más todavía.
No quiero crecer gigante
más allá de tu medida,
ni dejarte malherida,
maniatada y suplicante.
Te quiero en mi mismo estante,
volando a mi misma altura
sin temor a la amargura
que amenaza cada instante.
De tus manos femeninas
-paz de mi carne doliente-
nace la luz inocente
que a caricias me germina;
le da a mi piel golosinas
que endulzan la piel y el alma:
tus manos me dan la calma
si la muerte me fulmina.
Tu boca es beso salado
que se convierte en mi beso,
me sabe a sal sus excesos
como mar enamorado;
tu boca da a mi pecado
la redención más completa,
tu boca es principio y meta
del sueño más encarnado.
Y por amor voy contigo
a donde humana me lleves,
bajo la lluvia si llueve
o abriendo en par mis postigos.
Quiero tenerte conmigo
como si Dios tú lo fueras,
desatando primaveras
por si ajado me fustigo.
Y con amor voy gritando
que como tú no hay ninguna,
que eres toda mi fortuna,
que por ti vivo luchando.
Voy rimando, voy rimando
mi existencia con tu acento,
mi fe con tu condimento
para así crecer amando.