Pavel Eduren
Poeta fiel al portal
Pues es el camino que me llama al andar,
al andar vagando,
solo por la ciudad.
Es el camino que dicta el caminar,
es irme de puerto en puerto
adentrarme en altamar.
Desnuda, la carne no me ayuda,
a apagar las penas, acabar con la soledad.
Mientras todos duermen yo camino,
solo por antiguas calles y casonas viejas que
ya no son ni sombra, de su antigua alcurnia
de la era colonial.
Primero fui marino, fui de puerto en puerto,
aún así siempre venia como mensajera taciturna,
ese vacío en el pecho, llamada soledad.
Pues era un gran tesoro pues era también un desatino,
pues quiero lo que todos tienen y nadie quiere
lo que yo tengo.
Pues se que ahora, yo no anido en tu pecho,
que antes de ser punto de partida, fui punto de llegada.
Ahora me desvisto ante tus ojos, para que veas
las cruces marcadas en mi cuerpo.
El dolor no es carnal, es del alma, de región espiritual,
Es el obstáculo que me impide respirar, eres tú,
la que dejo a la soledad.
A la que al dolor, le puse nombre, tu nombre,
Antes amor, ahora, oscuridad
al andar vagando,
solo por la ciudad.
Es el camino que dicta el caminar,
es irme de puerto en puerto
adentrarme en altamar.
Desnuda, la carne no me ayuda,
a apagar las penas, acabar con la soledad.
Mientras todos duermen yo camino,
solo por antiguas calles y casonas viejas que
ya no son ni sombra, de su antigua alcurnia
de la era colonial.
Primero fui marino, fui de puerto en puerto,
aún así siempre venia como mensajera taciturna,
ese vacío en el pecho, llamada soledad.
Pues era un gran tesoro pues era también un desatino,
pues quiero lo que todos tienen y nadie quiere
lo que yo tengo.
Pues se que ahora, yo no anido en tu pecho,
que antes de ser punto de partida, fui punto de llegada.
Ahora me desvisto ante tus ojos, para que veas
las cruces marcadas en mi cuerpo.
El dolor no es carnal, es del alma, de región espiritual,
Es el obstáculo que me impide respirar, eres tú,
la que dejo a la soledad.
A la que al dolor, le puse nombre, tu nombre,
Antes amor, ahora, oscuridad