Manuel Avilés Mora
Pluma libre
De repente, surgieron las caricias
que pudieron volvernos de algodón;
de repente, llegaron sin perdón,
los gemidos cuajados de delicias.
Desataron ajenas tus primicias,
las preguntas atadas al cordón
que sujeta al poeta del faldón,
de la duda, señora de malicias.
De repente sonaron a conjuros
tus risueñas y dulces peticiones
y se hicieron melaza los carburos,
que mostraron desnudos callejones.
De repente, supimos los futuros,
de futuros placeres y pasiones.
que pudieron volvernos de algodón;
de repente, llegaron sin perdón,
los gemidos cuajados de delicias.
Desataron ajenas tus primicias,
las preguntas atadas al cordón
que sujeta al poeta del faldón,
de la duda, señora de malicias.
De repente sonaron a conjuros
tus risueñas y dulces peticiones
y se hicieron melaza los carburos,
que mostraron desnudos callejones.
De repente, supimos los futuros,
de futuros placeres y pasiones.