IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Todo conocimiento emerge por necesidad,
y toda necesidad nunca nace de la duda,
consciente la luz, crea su sombra,
porque la oscuridad también vislumbra,
aún la realidad no entiende de ilusiones,
de la certeza aún no escrita
en la incertidumbre que la busca,
porque
la ciencia es el prejuicio de la mentira,
que en su pobre razón
busca ser verdad incuestionable,
porque la decencia
es nuestro templo, incurable,
nuestro silencio
que entre conocimientos nos trata,
tan a menudo como animales,
otras como entes,
nunca como seres,
la mente es el alma que cuestiona,
el cuerpo su carcasa,
y su querer, sueño, que se debe vivir,
aún entre las páginas del tiempo,
la fe vuelve al colapso,
y los trazos, del querer sintiendo,
se elevan,
aún entre cuentos y fabulas,
entre predicciones y lamentos,
no hay mentira que perdure mil años,
solo si la verdad se encuentra
con los ojos de la atenta consciencia,
y será leída
entre cada relato que relata,
lo que sus letras no pudieron,
lo que cada mente futura debe,
aunque el enmudecido otorga,
cediendo,
ya que las verdades le temen al ciego,
a la valentía de la mentira,
porque puede volver verdad una falacia,
las falacias pueden morir y renacer,
como toda ley de vida,
las órbitas del tiempo,
en liturgia de astros ascienden,
y alivian al idioma,
las edades saben de pasado,
aún inconcluso el presente,
nunca sabrán de futuros
por más historias que se inventen,
por más que nuestra culpa truene
en los oídos de algún dios lejano,
más llano será aquel sueño,
abandonado, más que el nuestro,
porque somos astilla de roble agobiado.
y toda necesidad nunca nace de la duda,
consciente la luz, crea su sombra,
porque la oscuridad también vislumbra,
aún la realidad no entiende de ilusiones,
de la certeza aún no escrita
en la incertidumbre que la busca,
porque
la ciencia es el prejuicio de la mentira,
que en su pobre razón
busca ser verdad incuestionable,
porque la decencia
es nuestro templo, incurable,
nuestro silencio
que entre conocimientos nos trata,
tan a menudo como animales,
otras como entes,
nunca como seres,
la mente es el alma que cuestiona,
el cuerpo su carcasa,
y su querer, sueño, que se debe vivir,
aún entre las páginas del tiempo,
la fe vuelve al colapso,
y los trazos, del querer sintiendo,
se elevan,
aún entre cuentos y fabulas,
entre predicciones y lamentos,
no hay mentira que perdure mil años,
solo si la verdad se encuentra
con los ojos de la atenta consciencia,
y será leída
entre cada relato que relata,
lo que sus letras no pudieron,
lo que cada mente futura debe,
aunque el enmudecido otorga,
cediendo,
ya que las verdades le temen al ciego,
a la valentía de la mentira,
porque puede volver verdad una falacia,
las falacias pueden morir y renacer,
como toda ley de vida,
las órbitas del tiempo,
en liturgia de astros ascienden,
y alivian al idioma,
las edades saben de pasado,
aún inconcluso el presente,
nunca sabrán de futuros
por más historias que se inventen,
por más que nuestra culpa truene
en los oídos de algún dios lejano,
más llano será aquel sueño,
abandonado, más que el nuestro,
porque somos astilla de roble agobiado.