¡Que dulce la blanca piel que recibe trazos de colores! Húmeda de acuarelas, blanca y recamada de esplendores, blanca tez de iridiscencia cubierta, blanca donosura como blanca perla es tu sonrisa, blanca y delicada aún yaciendo muerta y fría.
Y quienes en tu rápido andar te vieron, cayeron luego en hondo letargo, enmudecidos tras el rastro que al viento dejara el caótico y ambarino nido de tus cabellos.
¡Que blanco lienzo cubre tu haber! Y de él he cubierto insomnios, tratados necios de la vida, anáforas de tu palidez, y ello avivó en mí canto de mil ayeres que cuando niño cantara al perderme entre jardines buscando insectos de colores, y quise cantarle a tu blancura todo aquello y de todo lo vivido y por vivir y de resplandor tras resplandor de tu blancura primero fui loco y finalmente enmudecí.
Y quienes en tu rápido andar te vieron, cayeron luego en hondo letargo, enmudecidos tras el rastro que al viento dejara el caótico y ambarino nido de tus cabellos.
¡Que blanco lienzo cubre tu haber! Y de él he cubierto insomnios, tratados necios de la vida, anáforas de tu palidez, y ello avivó en mí canto de mil ayeres que cuando niño cantara al perderme entre jardines buscando insectos de colores, y quise cantarle a tu blancura todo aquello y de todo lo vivido y por vivir y de resplandor tras resplandor de tu blancura primero fui loco y finalmente enmudecí.