Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
De todas esas cosas que llegan
y se marchan ..
un móvil,
un computador,
unos zapatos,
una camisa,
un pantalón,
un beso,
un sabor.
De todas esas cosas
grandes y pequeñas,
que alegran la vida,
que pagan las alegrías,
que encienden de nuevo
la chispa de la ilusión,
por sobre todas ellas,
siempre estará el amor.
DE TODAS ESAS COSAS
De todas esas cosas
de lo más eterno perdido en el tiempo,
de las hojas llevadas por el viento,
de tu recuerdo hecho
diamante, gema, perla, seda,
de la sonrisa de niño,
en boca de adulto,
fruto de largas,
de eternas
esperas.
De las alegrías,
todo un año de promesas
abiertas frente a los ojos
de un pequeño
en una fría noche
de navidad.
De aquellos desvelos
que ocupan tranquilos,
meciéndose,
la silla
del enfermo.
De las estrellas,
iluminando las estepas,
cuando ha decidido
marcharse el invierno.
De las cosas simples,
de todas las pequeñas cosas,
como ver caer las hojas.
De las flores que después
de meses, de años de cuidados,
como negocio
alquilado,
nos sorprenden un día,
con su cáliz perfumando,
dulcificando, pacificando nuestro paladar
para unirse de nuevo a la tierra,
que la hará espiga, promesa,
en la espiral de la vida,
hasta hacerla
de nuevo,
¡germinar!
De la piedra que el pez avispa acompaña,
atrapando las artemias vivas.
De todas las cosas
nuevas, y añejas,
grandes y pequeñas
de todo lo bello,
polluelo piando,
tras pequeñas mariposas,
neblinas que atesoran
en invierno las curvas
sinuosamente peligrosas.
Del cielo que se cuaja
volviéndose embudo,
haciéndose tornado,
de todo lo grande
en este universo,
en esta tierra,
tu presencia
¡a mi lado!
De todas esas cosas
grandes y pequeña
nuestro amor,
¡Tú y yo!
y se marchan ..
un móvil,
un computador,
unos zapatos,
una camisa,
un pantalón,
un beso,
un sabor.
De todas esas cosas
grandes y pequeñas,
que alegran la vida,
que pagan las alegrías,
que encienden de nuevo
la chispa de la ilusión,
por sobre todas ellas,
siempre estará el amor.
DE TODAS ESAS COSAS
De todas esas cosas
de lo más eterno perdido en el tiempo,
de las hojas llevadas por el viento,
de tu recuerdo hecho
diamante, gema, perla, seda,
de la sonrisa de niño,
en boca de adulto,
fruto de largas,
de eternas
esperas.
De las alegrías,
todo un año de promesas
abiertas frente a los ojos
de un pequeño
en una fría noche
de navidad.
De aquellos desvelos
que ocupan tranquilos,
meciéndose,
la silla
del enfermo.
De las estrellas,
iluminando las estepas,
cuando ha decidido
marcharse el invierno.
De las cosas simples,
de todas las pequeñas cosas,
como ver caer las hojas.
De las flores que después
de meses, de años de cuidados,
como negocio
alquilado,
nos sorprenden un día,
con su cáliz perfumando,
dulcificando, pacificando nuestro paladar
para unirse de nuevo a la tierra,
que la hará espiga, promesa,
en la espiral de la vida,
hasta hacerla
de nuevo,
¡germinar!
De la piedra que el pez avispa acompaña,
atrapando las artemias vivas.
De todas las cosas
nuevas, y añejas,
grandes y pequeñas
de todo lo bello,
polluelo piando,
tras pequeñas mariposas,
neblinas que atesoran
en invierno las curvas
sinuosamente peligrosas.
Del cielo que se cuaja
volviéndose embudo,
haciéndose tornado,
de todo lo grande
en este universo,
en esta tierra,
tu presencia
¡a mi lado!
De todas esas cosas
grandes y pequeña
nuestro amor,
¡Tú y yo!