Kabuki
Poeta recién llegado
De trotamundos
En los tragaluces del backgammon,
en la habitación 405, de tres camas.
Solo, demasiado solo, con las cortinas de trapo,
con el espejo rectángulo y con el nombre del padre
encarcelado. No necesite de biombos.
en la habitación 405, de tres camas.
Solo, demasiado solo, con las cortinas de trapo,
con el espejo rectángulo y con el nombre del padre
encarcelado. No necesite de biombos.
Las dos lesbianas me esperaban en
la plaza, con el luto en los oídos y el mapa
a las 10: 30.
Los mendigos con su gorra de panadería,
saco de psicólogo, y suecos de profeta,
me vendieron 3 cigarritos.
Los ofrecí al de ojos de piedra y recibí una boa.
Se lo extendí al de pansas de colesterol,
y este se cosió la boca. Se lo lancé al chino
de la bodega, y comprendí, que muchas amistades
tasan su precio.
la plaza, con el luto en los oídos y el mapa
a las 10: 30.
Los mendigos con su gorra de panadería,
saco de psicólogo, y suecos de profeta,
me vendieron 3 cigarritos.
Los ofrecí al de ojos de piedra y recibí una boa.
Se lo extendí al de pansas de colesterol,
y este se cosió la boca. Se lo lancé al chino
de la bodega, y comprendí, que muchas amistades
tasan su precio.
No es verdad es mentira, el hambre pierde
antes el apetito que su vida. El liquido, la sed de pasos,
de escrúpulos y juanetes. El peso de la sinergia del submarino.
Sinagoga, mar, viento, nubes de papel y dunas de manjar. Helio.
Pies, pisadas, hundidas hasta en los tobillos.
Manos, falanges, metatarsos, radio; huesos, cartílago. Polvo.
No es verdad es mentira, antes de la medianoche invertida
me hallaba en un restaurant de ravioli y panettone.
antes el apetito que su vida. El liquido, la sed de pasos,
de escrúpulos y juanetes. El peso de la sinergia del submarino.
Sinagoga, mar, viento, nubes de papel y dunas de manjar. Helio.
Pies, pisadas, hundidas hasta en los tobillos.
Manos, falanges, metatarsos, radio; huesos, cartílago. Polvo.
No es verdad es mentira, antes de la medianoche invertida
me hallaba en un restaurant de ravioli y panettone.
Cené bien, dejé el plato
con los cubiertos al este,
lo que ni la KGB ni la CIA
descifrarían mi mensaje.
Un vendedor con su ñaña
ensortijada en el bolso,
logró, por ardid mutua
y de Edipos, develar mi esfinge.
Le compré un cigarro,
y al darle, sus 40 centavos,
agite un par de bocanadas,
para mitigar el cáncer
de mi urbe-alma.
con los cubiertos al este,
lo que ni la KGB ni la CIA
descifrarían mi mensaje.
Un vendedor con su ñaña
ensortijada en el bolso,
logró, por ardid mutua
y de Edipos, develar mi esfinge.
Le compré un cigarro,
y al darle, sus 40 centavos,
agite un par de bocanadas,
para mitigar el cáncer
de mi urbe-alma.
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