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Poeta que considera el portal su segunda casa
Que hasta el Cielo
se escucharan los roces,
del encuentro
entre labios feroces,
aspirando beber la cereza,
de tu boca en adherente promesa.
Que tus labios
permitieran el paso,
sin pudor
del orbite de lenguas,
devorando en cada mordida
las profundas marcas hendidas,
de dos almas por el beso
rendidas.
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