viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
No hay paraísos que no cuesten sangre,
son estaciones en los sueños
que se hacen polvo entre los dedos.
Dormido en mi aliento
llevo un abril otoñal.
Me dejé prendidas las ganas de vivir
en el gesto de tu despedida,
en el alféizar de tu mirada,
justo cuando cerrabas la noche.
Y me puse a hacer malabares
con lágrimas y letras,
pero no arranqué cosquillas
a este corazón destronado.
Palabras de amor que ruedan,
pecho abajo, como canicas
en busca del sexo,
cuando el sexo se convierte en deporte,
juegas el último partido,
y vas también el último en la tabla.
son estaciones en los sueños
que se hacen polvo entre los dedos.
Dormido en mi aliento
llevo un abril otoñal.
Me dejé prendidas las ganas de vivir
en el gesto de tu despedida,
en el alféizar de tu mirada,
justo cuando cerrabas la noche.
Y me puse a hacer malabares
con lágrimas y letras,
pero no arranqué cosquillas
a este corazón destronado.
Palabras de amor que ruedan,
pecho abajo, como canicas
en busca del sexo,
cuando el sexo se convierte en deporte,
juegas el último partido,
y vas también el último en la tabla.