marton
Poeta reconocido en el portal
¿Dónde empiezan tus sueños?,
¿dónde se pierde tu noche?.
Quisiera sumergirme en la magia de tu cielo,
de tu mano, entrelazado, escalar ese universo;
y descubrir, donde duermen tus anhelos,
finalmente, amor, cuando reposas.
Entonces, en la cola de un cometa he subido,
¡por fin!, refugio de ilusiones y quimeras.
El temor se escondió en las cósmicas vestiduras
Y un aguacero de estrellas vino a escuchar
de tus ojos a mis ojos un: ¡sí, quiero!
Doce lunas cárdenas estallando en tu pelo,
tres luceros que retozan en tu pecho,
y en el vientre de tu mundo,
una niña que reboza, cristalina y silenciosa.
Sí te vi dormida:
Plácida, tranquila, ¡preciosa !
¿cómo será sumergirse en tus sueños?
Ir de tu mano a los oníricos confines,
donde empiezan los delirios y terminan tus dolores,
donde hay un firmamento libre de aflicciones,
y manantiales siderales de esperanzas e ilusiones.
Tú... dormida.
Tú... iluminando cuántos cielos.
Tú eternidad que me desborda.
Tú... seducida por la intensidad de mis anhelos.
Ah, mujer constelada, ¡cómo te quiero!
¿dónde se pierde tu noche?.
Quisiera sumergirme en la magia de tu cielo,
de tu mano, entrelazado, escalar ese universo;
y descubrir, donde duermen tus anhelos,
finalmente, amor, cuando reposas.
Entonces, en la cola de un cometa he subido,
¡por fin!, refugio de ilusiones y quimeras.
El temor se escondió en las cósmicas vestiduras
Y un aguacero de estrellas vino a escuchar
de tus ojos a mis ojos un: ¡sí, quiero!
Doce lunas cárdenas estallando en tu pelo,
tres luceros que retozan en tu pecho,
y en el vientre de tu mundo,
una niña que reboza, cristalina y silenciosa.
Sí te vi dormida:
Plácida, tranquila, ¡preciosa !
¿cómo será sumergirse en tus sueños?
Ir de tu mano a los oníricos confines,
donde empiezan los delirios y terminan tus dolores,
donde hay un firmamento libre de aflicciones,
y manantiales siderales de esperanzas e ilusiones.
Tú... dormida.
Tú... iluminando cuántos cielos.
Tú eternidad que me desborda.
Tú... seducida por la intensidad de mis anhelos.
Ah, mujer constelada, ¡cómo te quiero!
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