Mi mirada te seguia,
muchachita,
por la senda florecida,
mi mirada te besaba
y tu seguias,
sin saber que yo te amaba.
Paso el tiempo,
ya no ibas por la senda florecida
que circunda la llanura;
ya no vi tus ojos negros,
y tu cuerpo tan flexible como el junco,
y no obstante mi mirada te seguia en mi recuerdo.
Llegó mayo con sus lluvias,
el dolor me atormentaba
y la amargura anegaba toda mi alma.
¡porque tanta tristeza,
si yo nunca te dije dos paabras!.
¡Tu ni siquiera interpretaste
el lenaguaje mudo
de mi lirica amargura!
Nuestras almas,
eran almas que vagaban juntas, locamente,
bajo el arco de los astros siderales.
Asi fue que al llegar la primavera,
cuando ya toda esperanza era fallida,
te econtre por mi sendero,
y en mis brazos te arrojaste,
y yo bese tus labios
finos y sensuales.
En mi ansia apasionada
saboreé tu negro pelo,
y tu cuello de alabastro,
y rodaron por tu cara,
cual magnolia inmaculada ,
tiernas lagrimas de amor,
al sentir que toda dicha
que creias ya perdida
en un sueño negro e incierto,
transformaba su color.
Lo que nunca me dijiste,
me lo dijeron tus lagrimas
que rebozaban amor.
Lo que nunca yo te dije,
te lo dijo mi tristeza.
Fuiste mia en mi silencio,
y yo fui tuyo en tu dolor.
muchachita,
por la senda florecida,
mi mirada te besaba
y tu seguias,
sin saber que yo te amaba.
Paso el tiempo,
ya no ibas por la senda florecida
que circunda la llanura;
ya no vi tus ojos negros,
y tu cuerpo tan flexible como el junco,
y no obstante mi mirada te seguia en mi recuerdo.
Llegó mayo con sus lluvias,
el dolor me atormentaba
y la amargura anegaba toda mi alma.
¡porque tanta tristeza,
si yo nunca te dije dos paabras!.
¡Tu ni siquiera interpretaste
el lenaguaje mudo
de mi lirica amargura!
Nuestras almas,
eran almas que vagaban juntas, locamente,
bajo el arco de los astros siderales.
Asi fue que al llegar la primavera,
cuando ya toda esperanza era fallida,
te econtre por mi sendero,
y en mis brazos te arrojaste,
y yo bese tus labios
finos y sensuales.
En mi ansia apasionada
saboreé tu negro pelo,
y tu cuello de alabastro,
y rodaron por tu cara,
cual magnolia inmaculada ,
tiernas lagrimas de amor,
al sentir que toda dicha
que creias ya perdida
en un sueño negro e incierto,
transformaba su color.
Lo que nunca me dijiste,
me lo dijeron tus lagrimas
que rebozaban amor.
Lo que nunca yo te dije,
te lo dijo mi tristeza.
Fuiste mia en mi silencio,
y yo fui tuyo en tu dolor.