De hembra llevas muy bien puesto el nombre,
género opaco, dice el gramático;
fiel apoyo del flujo espermático,
azote tan cruel de cualquier hombre;
y aunque muy velada en lo profundo,
das mucho que hablar a todo el mundo.
Al varón expones al enredo
cuando ya llegando a cincuentón,
tiene que bajar el pantalón
para que pueda ingresar el dedo.
¡Puja fuerte!, ordena el cirujano
para contactarte con denuedo.
Y si un fatal día te decides
torturar alguno en la vejez,
habrá quien implore alguna vez:
“¡SanLiborio mío no me olvides!
¡¿No ves que al querer mear no puedo
y muchas veces meo sin querer?!”
En mi persona te llegó la hora
de saldar en previsión la cuenta,
no fuera que tarde me arrepienta
por negar la daga salvadora.
¡Ay próstata mía malhadada!
¡Carne de mi carne contristada!
¡Oh glándula pérfida y traidora
de tantos tormento y homicida!
te veo extirpada, fenecida,
en vítrea sepultura ahora.
Perdón si te digo: no te extraño;
por mí puedes irte por un caño.
género opaco, dice el gramático;
fiel apoyo del flujo espermático,
azote tan cruel de cualquier hombre;
y aunque muy velada en lo profundo,
das mucho que hablar a todo el mundo.
Al varón expones al enredo
cuando ya llegando a cincuentón,
tiene que bajar el pantalón
para que pueda ingresar el dedo.
¡Puja fuerte!, ordena el cirujano
para contactarte con denuedo.
Y si un fatal día te decides
torturar alguno en la vejez,
habrá quien implore alguna vez:
“¡SanLiborio mío no me olvides!
¡¿No ves que al querer mear no puedo
y muchas veces meo sin querer?!”
En mi persona te llegó la hora
de saldar en previsión la cuenta,
no fuera que tarde me arrepienta
por negar la daga salvadora.
¡Ay próstata mía malhadada!
¡Carne de mi carne contristada!
¡Oh glándula pérfida y traidora
de tantos tormento y homicida!
te veo extirpada, fenecida,
en vítrea sepultura ahora.
Perdón si te digo: no te extraño;
por mí puedes irte por un caño.
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