DE UNA POETA A OTRO POETA
Ahora que el aire viste de guante blanco,
ya es de madrugada,
no me alcanza el sueño,
y necesito pasarte a limpio, poema,
cómo decirte con la cadencia tal vez
inexacta de mi verso y la magnitud
de un verbo laxo pero inquieto:
que a veces anhelé playas compartidas.
Que el sol contigo reverbera su luz en el agua,
con más impacto,
aunque su salitre escueza.
Cómo decirte que no siempre elegimos
a las personas que debemos amar,
mas sí a las que amamos;
que nadie es único garante del
derecho a elegir a quien amar,
pues éste pertenece a ambos.
Cómo decirte que sentir no
es igual que consentir,
que la mujer rara vez consiente un engaño.
Que el afecto suele destronar a la pasión,
y que ésta en su efímera longitud
compra caros los sentimientos hasta aniquilarlos.
Que la admiración se debe antes que el amor.
Que tu despedida me supo a hiel,
con más amarga certeza
cuanto más dulce y recatado el encuentro.
Cómo hacerte saber que en el instante
en que tus labios desoyen los míos,
más se evidencia la certidumbre
de que a nada perteneces,
tal vez... al aire,
que siempre muda.
Cómo hacerte saber que ya es tarde.
Que mañana trabajo.
Que no sopla el
a i r e.
Que por fin duermo.
Que ya es de día.
Que otra vez me ha vuelto a pasar.
Habrá sido el cortado de ayer.
Ahora que el aire viste de guante blanco,
ya es de madrugada,
no me alcanza el sueño,
y necesito pasarte a limpio, poema,
cómo decirte con la cadencia tal vez
inexacta de mi verso y la magnitud
de un verbo laxo pero inquieto:
que a veces anhelé playas compartidas.
Que el sol contigo reverbera su luz en el agua,
con más impacto,
aunque su salitre escueza.
Cómo decirte que no siempre elegimos
a las personas que debemos amar,
mas sí a las que amamos;
que nadie es único garante del
derecho a elegir a quien amar,
pues éste pertenece a ambos.
Cómo decirte que sentir no
es igual que consentir,
que la mujer rara vez consiente un engaño.
Que el afecto suele destronar a la pasión,
y que ésta en su efímera longitud
compra caros los sentimientos hasta aniquilarlos.
Que la admiración se debe antes que el amor.
Que tu despedida me supo a hiel,
con más amarga certeza
cuanto más dulce y recatado el encuentro.
Cómo hacerte saber que en el instante
en que tus labios desoyen los míos,
más se evidencia la certidumbre
de que a nada perteneces,
tal vez... al aire,
que siempre muda.
Cómo hacerte saber que ya es tarde.
Que mañana trabajo.
Que no sopla el
a i r e.
Que por fin duermo.
Que ya es de día.
Que otra vez me ha vuelto a pasar.
Habrá sido el cortado de ayer.
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