Paolo Luna
Poeta adicto al portal
¡Ah! Barrio querido que nadie quiere,
testigo insípido de la infancia;
calles opacas, baldías
que reflejan los sueños del pasado
en colores diluidos en el tiempo.
Agua, sol y viento.
Barrio de esquinas malolientes
que los ancianos no quieren mirar
y pasan con su cabeza gacha,
su ruana, su bastón y su costal.
Los sueños que nacieron en los niños,
han muerto en los vicios,
de la decadente juventud.
Muerte, sexo, vicio.
Las paredes orinadas y rayadas,
vigilantes saben con certeza
quien abandonó allí la basura,
quien atentó contra la vida
y tomó lo que no le pertenecía.
Pero no saben a dónde fueron
los que armaron sus ladrillos
y les maquillaron;
Solo saben que se fueron.
Basura, orines, rayas.
La tienda de la cuadra.
¡Ah! Tiempos aquellos;
Los mejores amigos;
Mesas, licor y cigarro.
Música bohemia, antigua y todos en coro.
Luces que alumbraban amores oscuros,
Sombras de ternura con amores hermosos.
Y amores y amigos,
y luces, licor y humo.
Sus puertas ya cerraron,
sus paredes casi cayeron.
El silencio y la soledad,
la decadencia y el frio.
Hoy ya no están las rockolas,
ni aquellos amigos míos.
Y menos ese platónico amor.
Pero se escucha en la memoria
y calla en la realidad.
Abandono, soledad y olvido.
Los perros duermen en los rincones,
los miedos rondan en las esquinas
palomas que van y vienen.
Los sueños se han dormido
detrás de puertas y ventanas,
aunque uno que otro rara vez
se asoma temeroso en las terrazas.
No hay cantos ni risas en el silencio.
Rincones, esquinas, terrazas.
¿Quién se robó los sueños,
las calles y las tiendas?
¿Quién convirtió mi barrio,
en un cementerio sin entradas principales?
en un panteón con ventanas oscuras,
en una tumba,
en una lápida,
¿A dónde se fueron los niños
y los amores de antaño?
¿Y a dónde los grandes amigos?
¿Qué habría sido de mí si me hubiese quedado?
¡Ah! Barrio querido que alguien quiso.
Soledad, soledad y olvido.
testigo insípido de la infancia;
calles opacas, baldías
que reflejan los sueños del pasado
en colores diluidos en el tiempo.
Agua, sol y viento.
Barrio de esquinas malolientes
que los ancianos no quieren mirar
y pasan con su cabeza gacha,
su ruana, su bastón y su costal.
Los sueños que nacieron en los niños,
han muerto en los vicios,
de la decadente juventud.
Muerte, sexo, vicio.
Las paredes orinadas y rayadas,
vigilantes saben con certeza
quien abandonó allí la basura,
quien atentó contra la vida
y tomó lo que no le pertenecía.
Pero no saben a dónde fueron
los que armaron sus ladrillos
y les maquillaron;
Solo saben que se fueron.
Basura, orines, rayas.
La tienda de la cuadra.
¡Ah! Tiempos aquellos;
Los mejores amigos;
Mesas, licor y cigarro.
Música bohemia, antigua y todos en coro.
Luces que alumbraban amores oscuros,
Sombras de ternura con amores hermosos.
Y amores y amigos,
y luces, licor y humo.
Sus puertas ya cerraron,
sus paredes casi cayeron.
El silencio y la soledad,
la decadencia y el frio.
Hoy ya no están las rockolas,
ni aquellos amigos míos.
Y menos ese platónico amor.
Pero se escucha en la memoria
y calla en la realidad.
Abandono, soledad y olvido.
Los perros duermen en los rincones,
los miedos rondan en las esquinas
palomas que van y vienen.
Los sueños se han dormido
detrás de puertas y ventanas,
aunque uno que otro rara vez
se asoma temeroso en las terrazas.
No hay cantos ni risas en el silencio.
Rincones, esquinas, terrazas.
¿Quién se robó los sueños,
las calles y las tiendas?
¿Quién convirtió mi barrio,
en un cementerio sin entradas principales?
en un panteón con ventanas oscuras,
en una tumba,
en una lápida,
¿A dónde se fueron los niños
y los amores de antaño?
¿Y a dónde los grandes amigos?
¿Qué habría sido de mí si me hubiese quedado?
¡Ah! Barrio querido que alguien quiso.
Soledad, soledad y olvido.